sábado, 29 de septiembre de 2012

I'm Simon Fucking Cowell and I just created 1D.

Era imposible que lo consiguiera, y los dos lo sabíamos.
Pero, Dios, me estaba matando, estaba matándome, tendrían que abrirme para sacarlo...
Apenas podía hacer nada para contener los gritos, y cuando lo intentaba, lo único que conseguía era más dolor, más sufrimiento, más sensación de estar ardiendo por dentro, y encima, gritaba más fuerte. Muchísimo más fuerte.
Louis me apretaba la mano, me animaba a seguir, no podía rendirme ahora, no podía, tenía que hacerlo por mí, por él, por los dos, por los tres.
Era muy fácil decir empuja cuando es lo único que tienes que hacer nueve meses antes de esta situación.
Volví a chillar, la enfermera negó con la cabeza, era demasiado grande, era demasiado fuerte.
Y yo demasiado joven y demasiado débil.
La mujer me miró un segundo, luego miró a Louis y alzó una ceja.
Él se mordió el labio, contempló mi vientre abultado, me miró a mí y volvió a posar la vista bajo la piel donde se ocultaba nuestro bebé.
SÁCALO. SÁCALO, POR FAVOR, HAZ ALGO, NO PUEDO SOPORTARLO, SÁCALO.
Cerré los ojos y volví a gritar, la clavé las uñas en la mano, dejándole la marca en ella. Unas gotitas de sangre se deslizaron por su palma y cayeron sobre la cama del hospital, pero él no se dio cuenta.
Otra lágrima de miles corrió por mis mejillas.
¿A QUÉ ESPERAS? AYÚDAME.
La enfermera le dijo algo a Louis, su rostro se descompuso mientras asentía lentamente.
No oí nada de la conversación, absolutamente nada, y, sin embargo, no necesité escucharla para saber de qué hablaban.
Había que elegir.
O Tommy Tomlinson o Erika López. Pero los dos no.
Comprendí que ahí se acababa mi paseo por ese mundo. Y ni siquiera me había casado. Joder.
Me insulté por lo bajo, me acordé de todos mis ancestros, por aquella conversación que habíamos tenido, después de ir al ginecólogo y que nos dijera que era un niño (un niño, Louis, un niño, ¡tendrás a tu Tommy! le había dicho, contenta, sin saber que aquel crío sería a quien le tendría que dar toda mi fuerza vital), y que parecía estar sano y fuerte.
Ninguno de los dos se había dado cuenta de la expresión del ginecólogo cuando susurró fuerte.
Habíamos hablado de aquello como si nada, como si fuera natural.
Louis me elegiría a mí.
Yo elegiría al crío.
Porque el crío era fuerte, el crío era grande.
Demasiado para mí.
Después de suplicarle dos días y una noche seguidos, terminó accediendo, cogiéndome de las manos y diciéndome:
-Está bien.  Me quedaré con el bebé. Pero no me va a hacer falta, os voy a tener a los dos.
Era demasiado sencillo pensar en un bebé que aún no había nacido (en tu propio bebé) cuando no estaba luchando por desgarrarte el útero y salir al mundo.
¡Me río en tu putísima cara, Bella Swan, por tus comparaciones de cuando te sacaron a Renesmee! ¡ME RÍO EN TU PUTÍSIMA CARA!
Estaba jadeando en busca de aire cuando la mujer volvió a insistir.
-¿Qué hacemos?
¡MÁTALO, MÁTALO, POR FAVOR, MÁTALO, DÉJAME A MÍ, PUEDO DARLE MÁS, DÉJAME A MÍ!
-Sacarlo-musitó Louis con un hilo de voz, sin ni siquiera mirarme.
Otra mujer, más joven que la anterior, preparó una inyección. No contuve mi grito cuando el pequeño dio otro empellón, intentando salir.
-¡LOUIS!
Se volvió a mirarme, pero yo apenas veía su expresión a través de la película de lágrimas que se hacía formado en mis ojos.
-Por favor, por favor, Louis-supliqué, supliqué por mi vida, supliqué porque Eleanor no se hubiera sacrificado solo para dejar que muriera de parto, que era exactamente lo que iba a pasar, pero, sobre todo, supliqué porque era una egoísta.
Supliqué porque no quería morirme sin ser la señora Tomlinson, no quería dejarlo a él con un crío, a merced de todas las zorras que había por el mundo, no quería que mi hijo, nuestro hijo creciera sin una madre, o peor, con una mujer que ocupara mi puesto.
Supliqué porque un año a su lado no había sido suficiente.
-Por favor, dame una oportunidad, otra oportunidad, por favor, por favor. No puedo con esto, te prometo que te daré otro, por favor, por favor.
Se inclinó hacia mí y me acarició la mejilla; no se atrevió a besarme, sabía que necesitaba todo el aire posible.
Las corrientes eléctricas que en un principio tanto me gustaban me hicieron chillar todavía más.
-Louis...
Una última corriente de lava dentro de mí, y luego nada.
Caí hacia atrás en la cama, pero no sentí nada.
Muerta.
Me observé desde arriba, contemplé la escena, contemplé como con mi último aliento, mi pequeño asesino, mi precioso asesino, conocía este mundo. Louis se inclinó aún más sobre mí, se echó a llorar, a suplicarme que le perdonara, a suplicarme que no le hiciera esto, tenía que volver, no podía hacer eso él solo...
Le dieron a su hijo y se olvidó de mí, mientras con mis lágrimas una tormenta se desataba sobre Londres.
No me percaté de que aún no se había echado a llorar cuando su padre lo cogió en brazos, el pequeño se giró a mirarme y lloró porque su madre estaba muerta.
Lo envolvieron en una toalla y Louis se apresuró a salir de la habitación, intentando sacar a nuestro hijo de aquel macabro espectáculo lo más rápidamente posible.
Empezaron a reanimarme, y los ecos de los impulsos del desfibrilador hacían vibrar todo mi ser, sacudiendo la totalidad del espectro en que me había convertido.
No vería a mi hijo cumplir un año.
No vería a Louis cumplir los 30.
Le había prometido que estaría allí con él cuando soplara las velas.
Le había prometido que cuidaríamos a nuestro hijo juntos.
Apenas pude apartar esos pensamientos de mi mente cuando el dolor volvió a sacudirme. No estaba tan muerta como antes, pero no vivía como para poder ver.
Solo había oscuridad.
Solo dolor, me atropellaba un coche, me cortaban en pedazos, me quemaban viva, me estaban ahogando, no podía salir del mar, oh, Dios, por favor, el cielo está demasiado alto, por favor, no puedo respirar, por favor, Dios, por favor, sé que nunca te he echo caso, pero mátame, mátame ahora, mándame donde tenga que ir, pero PARA ESTO.
Las sacudidas seguían mientras a mí me torturaban.

-Eri. ¡Eri!
Tenía a Louis sobre mí, observándome con los ojos llenos de preocupación.
Oh, señor, gracias por mandarme al cielo, gracias, no me lo merezco.
-Eri.
Me acarició la mejilla y me besó en los labios. Seguí contemplando aquella alucinación un rato, ni siquiera cerré los ojos cuando nuestras bocas se unieron.
-Estás bien, Eri. Estoy aquí. Tranquila. Solo ha sido un sueño.
Solo ha sido un sueño.
Dejé escapar todo el aire contenido de repente y me lo quedé mirando.
-¿Qué?
-Solo era una pesadilla. Tranquila.
Cerré los ojos, tragué saliva y asentí. Saqué las piernas de debajo de él, me giré, me puse boca abajo y me eché a llorar contra la almohada. Su mano me acarició la espalda desnuda, intentando consolarme, intentando averiguar qué había soñado.
Verás, Louis, he soñado que no podía parir a tu hijo y que tú lo elegías a él en vez de a mí, dejabas que me mataran, pero en vez de pedir que lo hicieran rápidamente, me dejabas sola para que me fueran despellejando viva, sí, eso hiciste.
Y sigo amándote y necesitándote como cuando me dormí.
Se pegó contra mí y me besó el hombro.
-No llores.
-Era horrible.
-No llores.
-Pero...
-Yo nunca te haría daño.
Levanté lentamente la cabeza y lo miré.
-¿Cómo sabes que tú...?
Se encogió de hombros y me apartó el pelo de la cara. Capturó una de mis lágrimas mientras esta se apresuraba mejilla abajo, y negó con la cabeza.
-Gritabas mi nombre.
Eso me hizo sollozar aún más fuerte. Me hizo rodar, me empujó contra la fría y dura pared, y se acercó tanto a mí que noté los latidos de su corazón en mi propio pecho. Me acarició el costado, dejó la mano en mi cintura y me miró a los ojos.
-Te amo-susurró en mi lengua; lo único que le había enseñado yo. Sorbí por la nariz y él me sonrió; terminé haciendo una pobre mueca que era una burda imitación de una sonrisa-. Te quiero más que a nada, sabes que lo hago, y sabes que nunca te haría  daño, ni aunque quisiera.
-Era tu bebé.
-Sería nuestro, en todo caso.
-No podía darle a luz.
Se encogió de hombros.
-Era una pesadilla.
-Lo elegías a él-le informé. Negó con la cabeza.
-Con la de cosas que hacemos juntos, y no me refiero solo al sexo, ¿y todavía crees que elegiré a un crío antes que a ti?-puso los ojos en blanco-. Por favor, Eri.
Pasó el índice por mis labios, deseando probarlos. Me los humedecí con la lengua y él sonrió; le encantaba cuando hacía eso.
Le ponía mucho.
-Yo lo elegiría a él-susurré. Alzó una ceja.
-¿Tommy?
-Sí.
-¿Y qué? Yo no. Y sería yo el que dijera qué hacer.
Lo empujé un poco y me puse boca arriba, contemplando el techo. Me acarició los pechos y se puso encima de mí, deteniendo mis pensamientos.
-No es tan fácil-susurré, con los ojos anegados en lágrimas. Suspiró-. Yo... no sé si...
-Yo no sé si podría querer a un crío que mató a su madre, ¿sabes? Sé que no sería culpa suya, pero... aun así... compréndelo. No creo que pudiera amar a alguien que te ha apartado de mi lado.
Le acaricié la mejilla.
-¿Y si yo te lo pidiera?
Negó con la cabeza.
-Vuelve a dormirte, anda.
-Pero, Louis, ¿si yo...?
-Que te duermas, te digo-replicó, dejándose caer a mi lado y arropándome con la sábana. Me acurruqué contra su pecho, me pasó el brazo por la cintura y me pegó aún más a él.
-Quería tenerlo-susurré. Se encogió de hombros.
-Me da igual. A dormir.
-Louis, por favor. Quería tenerlo. Te lo debo. Es tu...
-Es nuestro. De los dos. Lo criaremos juntos, ¿me entiendes? Me da igual si tienes que abortar 100 veces. No pienso criar a un bebé tuyo si tú no estás, ¿vale?-espetó. Asentí lentamente-. A dormir.
-Cántame algo.
-Las cuarenta.
-Louis.
Suspiró.
-¿Qué te canto?
-No lo sé.
-Bueno, a veces salgo yo solo, y miro a través del agua-entonó Valerie lentamente, acariciándome la espalda.
No necesité que llegara a que cuando llegaba a casa, su cuerpo se había vuelto un desastre, porque echaba de menos mi pelo de ginebra y la forma en que me gustaba vestir.
¿Por qué no te acercas un día, Valerie?
Me fue balanceando despacio hasta que recuperé la conciencia, y ya no recordaba mi sueño. Despertarme lentamente era algo que le encantaba; hacerlo rápidamente no era su estilo.
-Basta de dormir-anunció. Bostecé, me estiré y contemplé, asombrada, la tela que me cubría los hombros y el pecho.
-Hola, mi amor-saludé, perezosa. Me sonrió.
-Hola, amor.
Me besó.
-Es que si no, de noche no duermes...
-Que luego estoy tocando los cojones con los libros hasta la 1 de la madrugada, ¿no?-bromeé, tirando de la camiseta de Coca Cola que usaba para dormir cuando yo no se la robaba.
Sonrió.
-Exacto-me abrazó, me estrechó fuertemente contra él, dejando que notara el calor que emanaba de su interior.
Cálido.
Tierno.
Louis.
-¿Estás mejor?
-Sí.
-Me alegro.
Me besó la cabeza.
-Me preguntaba si el 22 tienes algo que hacer...
Sacudí la cabeza y me encogí de hombros, fingiendo estar confusa.
-Mmm... no sé. ¿Por qué lo preguntas?
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-Tengo un partido benéfico, y me haría ilusión que fueras.
Asentí.
-Tendré que consultarlo en la agenda.
Asintió, un poco triste por mi evasiva. Me eché a reír.
La sombra de mi muerte en los reinos de Morfeo estaba disfrutando de sus últimos estertores en alguna parte de mi subconsciente.
-¡Es broma, amor!-le besé la boca y noté cómo sus labios se estiraban en una preciosa sonrisa-. Claro que iré, por supuesto que estaré ahí. ¿Cómo te atreves a preguntarlo?
Se encogió de hombros.
-Eres una chica ocupada.
Me senté en la cama y estiré los brazos. Me miró, con las manos cruzadas detrás de la cabeza y una pícara sonrisa en los labios, recordando lo que habíamos hecho antes de que el agotamiento acumulado esa semana fuera demasiado para mí.
Noté cómo me ponía colorada, aparté la cara y estudié los CDs de la estantería, desparramados y colocados tal cual caían.
-Necesitas una mujer en casa-sonreí. Asintió.
-En casa... en el trabajo... en el coche. Necesito una mujer.
-Tendremos que buscártela.
-Creo que tengo una-replicó, incorporándose, pasándome un abrasador brazo por la cintura y uniendo nuestras bocas. Sonreí. Tonteé con el elástico del pantalón de coca Cola y susurré:
-¿Cómo te las has arreglado?
-Oh, fue fácil. En realidad, no parabas de reírte, de decir Oh, Louis, por favor, no pares. No sé cómo no terminé acostándome otra vez contigo, la verdad.
Le di un puñetazo en el pecho.
-¡Ahora en serio!
Se encogió de hombros.
-Tengo cuatro hermanas, y más de una vez tuve que vestirlas.
-¿HAS VISTO EN BOLAS A TUS HERMANAS?-espeté, incrédula. Se encogió de hombros.
-¿Qué? ¿Qué iba a hacer si no? ¿Mandarlas al colegio en pijama, o desnudas? Por favor, Eri-sonrió.
Me acerqué a él y le pasé la nariz por el cuello. Se estremeció.
-¿Quién es más guapa de las cinco?
-Mi madre, sin duda.
Me detuve y lo miré.
Se echó a reír.
-¿Quién crees?
-Lottie.
Se encogió de hombros.
-A mí me van más... extranjeras. Ya sabes-me guiñó el ojo y no pude evitar echarme a reír.
-Lo capto.
Saqué medio cuerpo fuera de la cama y recogí el sujetador.
-Podrías habérmelo puesto también, ¿no crees? Ya puestos, no dejar las cosas a medias.
-No como otras-replicó.
-¿Me dormí antes de terminar?-espeté, incrédula. Negó con la cabeza.
-¿Crees que si me hubieras hecho eso ahora estarías en mi cama? Te habría metido en el primer vuelo de vuelta a  tu casa, pequeña.
Asentí.
-Eres una mala persona.
Se encogió de hombros.
-Alguna pega tenía que tener-sonrió. Negué con la cabeza, puse los ojos en blanco y le saqué la lengua.
Me quité la camiseta y me puse el sujetador; le di la espalda para que me lo abrochara él.
-No sé.
-Eso es mentira.
-Tengo 20 años, nena. Sé desabrochar sujetadores, no abrocharlos. Hay gente que ni sabe desabrocharlos, así que vete a otro con quejas, ¿eh?
-Osea-repliqué, llevándome las manos a la espalda y pasándome la camiseta por la cabeza-. Que me llevas 5 años, y no tienes experiencia suficiente para...
-Te llevo 4.
Me encogí de hombros.
-¡No!-replicó, imitándome-. No. A ti te dicen que Taylor te lleva 5 años y te pones como loca. ¡No, Taylor me lleva 4 años, 7 meses menos 3 días!-puso la voz más aguda, tratando de imitarme, y yo fruncí el ceño-. Pero si te dicen que te llevo 5 años, no te pones  como una loca, ¿no?
-¿Cuánto me llevas?
Me dio una patada y me tiró de la cama.
-Lárgate. No quiero verte.
Me eché a reír.
-4 años, 9 meses menos 26 días.
Se me quedó mirando un momento, luego se arrastró en la cama para hacerme sitio. Me senté y le acaricié el pelo.
-Sabes lo que me jode llevarte tanto tiempo.
-A mí me da igual.
-Bastante tengo con lo que tengo.
-Si con 20 años estás así, con 16 debías de ser un gilipollas integral, Lou. Y a mí me van maduros, ya sabes.
-¿Entonces qué haces conmigo? Tengo la mentalidad de un crío de 6 años.
-Tienes cuerpo de tío pero mentalidad de crío. Y eso me gusta. Estás bueno-me encogí de hombros y sonreí.
-Gracias-replicó, ofendido.
-Pero me lo paso bien contigo. Si fueras más serio, tipo Liam, tal vez no me gustaras como me gustas.
-Ajá. Trata de arreglarlo ahora, venga, así me gusta.
Negué con la cabeza.
-Me van mayores, ¿y qué? Tampoco me llevas 15 años, ¿no?
-Harry CazaAbuelitas Styles.
Asentí con la cabeza y me acurruqué contra él, colocando mi oreja en su pecho un momento. Los latidos de su corazón se aceleraron; sonreí.
-Nos reímos mucho más porque tú eres más crío que yo. Y ya está. Es lo que hay.
Sonrió.
-Entonces yo te gusto más que Taylor porque Taylor es más serio.
-No te pases.
-¿Te gusta más Taylor porque es más joven que yo?
Me lo quedé mirando un segundo.
Dos meses.
¡DOS MESES!
Oh, Dios. De repente sí que me parecía que Louis estuviera más bueno.
Como George Clooney, cuanto más mayor, más sexy.
Le besé en la boca.
-Creo que no.
-¿No qué?
-Creo que me gustas más tú porque eres mayor que Taylor.
-Soy más alto que él-afirmó, orgulloso, y yo recordé la foto que se habían hecho en los premios de la Mtv todos juntos, con Liam sonriendo de oreja a oreja por tener a uno de sus ídolos al lado.
-¿Le hablaste de mí?
Asintió.
-Sí, le dije que mi novia estaba total y absolutamente obsesionada con él, que cuando veía sus fotos se ponía a babear delante del ordenador... fangirling, ya sabes.
-¿Qué dijo?-repliqué, después de darle un suave tortazo y de echarme a reír con él.
-Que quién eras.
-¿Qué le dijiste?
-Que eras la que cantó en las Olimpiadas.
-¡DIOS! ¿Qué dijo?
-Que tenías buena voz.
-¡¡OH, JESUCRISTO!!-bramé, cayéndome de la cama y rebozándome por el suelo.
-Y que eras guapa.
-¡¡¡OH JESUCRISTO!!! ¡¡JESUCRISTOOOOOOOOOOOOOOOOO!!
-Entonces yo le dije: Pues ándate con ojo, porque como me la quites, te arranco la cabeza de yankee que tienes.
-¡VOY A MATARTE!
-Y nos dimos el teléfono.
Me abalancé sobre su iPhone y me puse a mirar como loca en la agenda, pero antes de llegar a la T él me había cogido por la cintura y me había arrastrado hacia la cama. Me sentó sobre sus rodillas y me besó, recorriendo con el pulgar la pequeña L que llevaba escrita en mi cadera.
-¿Qué vas a hacer?
-¡DÉJAME! ¡DÉJAME! ¡QUIERO ESE TELÉFONO!
Negó con la cabeza, tiró de mí y fundió mis labios con los suyos, dejándome sin aliento.
-Los ingleses besamos mejor.
-Los americanos follan mejor.
-¿Mejor que yo? Imposible.
-Eres un creído.
-Y tú eres boba. Pero te quiero. ¿Qué le vamos a hacer?
-En serio, Louis. Muere. Quiero ese teléfono.
Fue más rápido que yo, se lo metió dentro de los pantalones y negó con la cabeza.
-Es mío.
Le metí la mano por los pantalones y traté de agarrar el móvil, pero él sacudió la pierna y dejó que se deslizara hacia abajo.
Se me quedó mirando, sonriendo, y susurró:
-No sabes qué excusa poner para meterme mano, ¿eh?
-¿Acaso necesito alguna excusa?
Me incliné para besarle, le acaricié la nuca, enredé mis dedos en su pelo y fui bajando lentamente por su pecho.
-Louis...
-Mmm.
-Mi amor. Dame el teléfono de Taylor, venga.
Negó con la cabeza y me mordió el labio inferior.
-Por favor.
Me mordisqueó el lóbulo de la oreja.
¿JUGAMOS SUCIO? ME PONGO ZORRA EN UN MOMENTO.
-Looooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooou.
-No.
-Venga.
-No.
-Anda. Y haremos lo que quieras.
-Ya lo hacemos siempre-replicó, metiendo sus manos debajo de mis bragas y acariciándome allí.
Dejé escapar un gemido y él se coló por mi boca entreabierta.
-¿Lo ves?-dijo, esperando mi humedad-. Siempre hacemos lo que yo quiero.
Cerré los ojos y arqueé la espalda, dejando que me explorara. Se inclinó hacia mi oído cuando yo llegué a su propio centro.
-¿Te acuerdas de lo que hicimos antes de que te durmieras?
-De cada detalle.
-Deberíamos hacerlo más a menudo, ¿no crees?
-Sí-jadeé, y él sonrió.
-Ahora no podemos, ¿sabes?
-¿Por qué?
Pronunció un nombre, y yo asentí.
-No te gusta hacer las cosas aprisa y corriendo.
-Tratándose de ti, nunca, nena.
Le besé el cuello.
-Y, sin embargo, quieres que siga-repliqué, pasándole la mano por su erección.
-¿No es evidente?
-Lo es.
Seguimos acariciándonos un rato más, anhelantes, hasta que me sonaron las tripas. Sonrió, dejó que me separara de él y me tiró unos pantalones.
Cuando le dije que iba a bajar a por algo de picar, y me ofrecí a subirle algo, su sonrisa se ensanchó, tomó un matiz pícaro y susurró:
-No, gracias.
En un alarde de inteligencia desconocida para él, dejó el ya he comido sin pronunciar.
Rezando para no tener las mejillas sonrojadas y delatarme, bajé lentamente las escaleras.
Noe y Niall compartían uno de los libros bilingües del irlandés, Zayn estaba mirando vídeos en Youtube, y Alba, Stan y Harry jugaban al Call of Duty. Muy normal todo.
-¡CABRÓN!-ladró Alba, Harry se echó a reír-. ¡SOMOS DEL MISMO EQUIPO!
-¡NO! ¡AQUÍ CADA UNO VA A SU BOLA!
Pero Harry se puso pálido cuando una granada lo alcanzó y Stan comenzó a corretear solo por una base militar nazi mientras se reía como loco. Más tarde, Alba cogería un lanzallamas y freiría a ambos ingleses, recibiendo a  cambio sendas puñaladas por la espalda.
Sin olvidar, por supuesto, el tiro en la nuca que Harry le pegaría a Stan. Aunque era mucho mejor que lo hicieran con la consola a que lo hicieran en la vida real.
Todos se giraron a mirarme.
-¡Eri!
-Hola. ¿Quién gana?
-HARRY HACE TRAMPAS-bramó mi amiga. El rizoso negó con la cabeza, se giró y me dedicó la mejor de sus sonrisas.
-Se mueve muy lento.
Alba atropelló con un tanque a Harry, este volvió a contemplar la pantalla sin dar crédito a lo que veía.
-Te mueves muy lento-se burló ella. Todos nos echamos a reír, salvo Harry, que rápidamente se afanó en darle vida a su soldado para volver a la carga.
Mientras tanto, los nazis ganaban terreno al ejército aliado.
Por otra parte, Alba debería estar combatiendo en las filas de Franco o de la República en nuestro país, no correteando por filas enemigas en países extranjeros.
Me puse de puntillas y cogí una bolsa de kikos. Louis se puso a darme gritos desde su habitación.
-¡No te oigo!-grité yo a modo de respuesta. La puerta de su habitación se abrió y repitió su solicitud:
-¡Súbeme una cerveza!
-¡Déjate de cervezas y vete vistiéndote!-replicó Liam, arrastrando la guitarra de Niall tras de sí mientras salía de la habitación de los instrumentos.
Noemí frunció el ceño.
-¿Vais a algún sitio?
-¿Vosotras os llamáis Directioners?-espetó Zayn, girándose a mirarnos a las tres con ojos como platos. Harry y Alba se giraron a mirarnos a los demás, cosa que Stan aprovechó para matar por enésima vez a sus rivales.
-Alan Carr.
-¡Queda una hora!-chilló Louis.
-¡QUE TE VISTAS!-gritó Zayn.
Louis tardó un poco en contestar.
-¡NO ME REPLIQUÉIS, PORQUE ARDE TROYA EN UN MOMENTO!
Todos me miraron un sonrieron; aquel en un momento era muy propio de mí.
Subí las escaleras, me eché unos cuantos kikos en la palma de la mano y los fui comiendo uno a uno mientras Louis revolvía entre su ropa.
Sacó un jersey mostaza y unos pantalones grises, me los mostró, y sonrió cuando asentí con la cabeza.
Me robó unos cuantos kikos y se los metió rápidamente en la boca. Hinché los mofletes y lo miré.
-¿Qué?-replicó, divertido, mientras se quitaba el pantalón de pijama y se enfundaba el gris. Negué con la cabeza.
-Dijiste que no querías nada.
-Bueno, como comprenderás, si me los andas paseando por la cara acabo teniendo hambre, ¿sabes?
Asentí con la cabeza, pensativa. Alan Carr me sonaba de algo.
-¿Alan Carr?
Louis se encogió de hombros.
-Tal vez lo hayas visto alguna vez y no te des cuenta. Es bajito y gritón.
-¿Galés?
-Tiene acento, ¿eh? Pues es del norte de Inglaterra.
Se pasó el jersey por el cuello y tiró un poco de él hacia abajo. Asentí.
-Creo que sé quién es.
-Todos los invitados bailamos cuando vamos allí-y se puso a dar brincos, haciendo su adorado Detén el tráfico, déjalos pasar...
-¡Ah! Vale-dije, echándome a reír. Sonrió.
-Lo has visto, ¿eh?
-Sí.
-¿Por qué no puedo ver yo tus obras si tú ves todas las tonterías que hago?
-Porque mis obras son para gente culta.
Alzó el pulgar.
-Vale, niña borde.
-Pues eso.
-Pues vale.
-Pues venga.
Le revolví el pelo y lo besé en los labios.
-¿No te he hablado de él ya antes?
Me encogí de hombros.
-Puede ser. No te hago mucho caso.
-Ya me parecía-sonrió. Comenzó a revolver en el armario hasta encontrar unas zapatillas grises, se remangó los pantalones y se calzó.
Se levantó de un salto.
-¿Qué tal estoy?
Giré el índice, y él giró entero. Me incliné hacia un lado para observar la curva de su culo (todavía me sorprendía a veces, admirándola como si no la hubiera visto en mi vida), y asentí.
Se quedó plantado delante de mí, indeciso.
-¿Quieres venir?
Alcé una ceja.
-Nah, puedo verlo por la tele.
-Si quieres podemos...
Me levanté, le coloqué el índice en los labios y negué con la cabeza.
-Es el momento de One Direction, Louis, no el mío-me encogí de hombros-. Vete y pásalo bien.
-Siempre me lo paso bien.
-Y vives rápido.
-Y soy travieso.
-Sí, me ha quedado claro-cerré los ojos y asentí, él se rió, me tomó de la mandíbula y me levantó la cabeza para poder besarme mejor.
-Me da rabia dejarte en casa.
-No pasa nada.
-La última vez que te dejé en casa volví con 3 premios.
-Hoy no te van a dar nada.
-Que yo sepa.
-Que tú sepas-cedí. Le pasé los brazos por la cintura y lo miré-. Yo me quedaré investigando.
-No vas a hacer mucho-suspiró. Sacudí la cabeza.
-No puedo estar sin hacer nada, y lo sabes. ¿A qué hora es el programa?
-9 y media. Pero tenemos que estar un rato antes.
-Lógicamente-asentí. Me colocó un mechón de pelo detrás de la oreja, torcí la boca en un gesto coqueto pero pensativo y suspiré. Cogí la bolsa de los kikos y le metí uno en la boca.
-No me has subido la cerveza-se quejó.
-Qué lástima.
-Eres mala.
-Mucho.
-Pues hoy duérmete en tu cama.
-Vale.
-Va en serio.
-Lo mío también.
-Pues eso.
-Pues vale.
-Boba.
-Tonto.
Seguimos insultándonos un rato más, hasta que oímos a los chicos subir y meterse en sendas habitaciones. Me fui a la mía y, una vez en mi armario, saqué unos vaqueros, la sudadera de Oxford que me había comprado en mi primera visita a Inglaterra, cuando aún no los conocía, y bajé a todo correr las escaleras.
Noemí despotricaba por sus deberes de griego mientras Alba aporreaba furiosa el mando de la Play en un frustrante intento por cargarse a Stan, que conducía una moto unos metros por delante de ella.
Terminó estampándose contra un camión y haciendo que Stan alzara las manos unidas en un gesto de victoria. Alba le lanzó el mando, pero se echó a reír.
Saqué mi libro de matemáticas y suspiré cuando vi los ejercicios de radicales.
Louis se sentó al lado de Alba, y, sin pedir permiso para unirse a la partida, cogió otro mando y se puso a pegar tiros a diestro y siniestro.
-Épsilon. Omega. Fí. Gamma-anotó Noemí en sus apuntes.
-Raíz 13 de 7 a la 8 partido de... mierda. Raíz 11. Puto libro-gruñí yo, mirando de vez en cuando por encima del hombro, deseando poder quitarle el sonido a la maldita televisión.
-¿Me preguntas las letras?
-Ahora no puedo, Noe. Luego, ¿vale?
-Bueno-gruñó ella. Se pasó una mano por el pelo y se quedó mirando a su novio, que fulminó al mío con la mirada por atreverse a arrebatarle la partida.
-¿Vienen a buscarnos?-preguntó Niall, dejándose caer en el sillón libre y mirando por la ventana con gesto soñador.
Liam se remangó las mangas de su camisa y negó con la cabeza.
-No, tenemos que estar allí en quince minutos.
-Estaba bien ir yendo-sugirió Zayn. Harry asintió.
-Vamos, Louis.
-Voy.
Pero no se movió.
-Louis-lo llamó Liam, sacudiéndole el hombro. Louis suspiró, asintió, cerró su partida y se levantó del sofá.
Alba se giró e hizo pucheros en nuestra dirección cuando Stan también la dejó sola con los nazis. Negué con la cabeza y di varios toquecitos con el lápiz en la esquina de la página. Ella asintió, salió del juego y puso uno de coches.
-¿A dónde vas tú?-inquirió Harry. Stan sonrió.
-He quedado con una dama.
-¿Vas a engañar a mi hermana?-espetó Louis, ofendido-. Que sepas que no apruebo eso.
Stan negó con la cabeza.
-Tal vez debería irme ya, he quedado a las 8.
-Sí, nos vamos todos-replicó Liam. Fue hasta las que estábamos haciendo nuestras tareas en la mesa, y nos dio sendos besos en las mejillas. Besó a Alba en la boca, dejando sus labios sobre los de ella un par de segundos, y le susurró algo. Ella sonrió y asintió.
-¿Qué canal?-le pregunté a Louis cuando se inclinó a besarme.
-Búscalo.
-Todavía me quedo viendo Dora la Exploradora.
-Peor para ti-sonrió, volviendo a darme un beso y alejándose con sus amigos.
A las 9 y media, estábamos las tres congregadas delante de la tele, devorando un kebab que habíamos pedido a domicilio. A la turca casi le dio un ataque al corazón cuando me tocó abrir la puerta y le sonreí, según ella: era muy fan de mi música y tenía todos mis discos, a lo que le respondí con un educado y sonriente ¡Gracias!
Cuando cerré la puerta y coloqué los kebabs sobre la pequeña mesa de delante de la tele, me giré a mis amigas y les pregunté:
-¿Tengo discos en el mercado?
Ellas negaron con la cabeza y se echaron a reír.
No paramos de reírnos durante la entrevista, que resultó ser muy del estilo del Hormiguero. Nunca había visto el programa completo del famoso Alan (tan solo reductos de los bailes que habían hecho bailar a los chicos, especialmente el baile irlandés de Niall), y la verdad es que me encantó el programa.
Como también estaba en Twitter, terminé  cediendo a las súplicas de algunas fans que querían que hiciera una Twitcam, así que apenas llevaban 5 minutos de entrevista cuando estaba enseñando mi hermosa cara por Internet, y mostrando cómo masticaba con pereza el kebab.
-¡Hola!-saludé, y muchas me chillaron que me aprovechara mi cena. Les sonreí.
Comprendí que no debía haber cedido tan fácilmente a las demandas de la gente cuando Alan formuló la pregunta del millón a los chicos:
-Harry, Liam, Louis; los tres tenéis novia, así que, contadme, ¿cómo se puede mantener una relación con alguien a quien apenas ves? Según me dicen por ahí, solo las tenéis disponibles los fines de semana.
Niall, Zayn y Louis miraron a Liam, Liam miró a Harry, y Harry decidió contestar.
-Bueno, supongo que aprovechando el poco tiempo que estamos con ellas conseguimos que esto funcione.
-Es cuestión de confianza-aseguró Louis, frotándose las manos. Algunas fans twittearon que eso era muy bonito-, desde luego, tienes que confiar en ellas. Estás muchísimo tiempo sin verlas, apenas dos días a la semana, por lo que saber que esa persona no te va a engañar es crucial. Si no hay confianza, se acabó-asintió Louis, Niall le palmeó la espalda y él se rió.
-Lo peor es el tiempo que estamos separados-continuó Liam-. Las echamos mucho de menos. Quiero decir, no solo nosotros tres, sino los cinco. Somos como una piña, los ocho; y el no poder quedar entre semana tampoco facilita la relación, pero nos llevamos lo suficientemente bien como para poder soportarlo.
-¿Quién es el que peor lo lleva?-preguntó Alan.
Todos miraron a Louis, que contestó:
-Niall.
Todo el mundo se echó a reír, pero luego el presentador miró por encima de sus gafas a Louis.
-¿Y esa mirada a qué es debida, mi querido, adorado Louis?
Mi novio se echó a reír.
-Eri. Eri es la que peor lo lleva, y es a la que más se nota la alegría cuando viene. Viene casi dando brincos. Parece un conejo.
-Le gustan las zanahorias-aseguró Zayn, y todos se echaron a reír.
Si yo te contara, Zayn, pensé, sonriendo.
Eri come zanahorias canturrearon algunas fans, por lo que tuve que chillar:
-¡Callad!-entre risas.
-Pero merece la pena, ¿sabes? No sé...-Louis sonrió, miró al suelo y se encogió de hombros-. Creo que por ellas merece estar esperando toda la semana por el viernes. Así el fin de semana mola más.
-¿Y qué es lo peor de todo?
-El domingo. Cuando tienen que volver a casa, y tienes que dejar que se vayan... Sí, los domingos son matadores. Es como volver al instituto. Después de la alegría del viernes y la fiebre del sábado noche-sonrió y todos volvieron a reírse-, el domingo es un asco, porque te recuerda todo lo que has vivido y que vuelves a la rutina. Pero tiene su parte buena, porque por la mañana todavía están en casa, y puedes hacer cosas... Es guay.
-Como un trozo de tarta-aseguró Niall, y Louis se echó a reír-. Sí, si es pequeño, quieres más, pero si es grande, tal vez te empaches. Simplemente es guay tal y como es.
-Yo preferiría que se quedaran toda la semana.
-Yo también-terció Zayn. Todos coincidieron.
-Pero hay una vida después de nuestras españolas, y hay que recordarlo. No son solo ellas. Tenemos a las fans-sonrió Liam, y todos asintieron.
El público chilló, yo asentí con la cabeza, y unas cuantas chicas aplaudieron mi gesto.
Unas cuantas de 6 millones.

Estábamos desayunando cuando la puerta de la calle se abrió y por ella entró Stan. La cerró rápidamente, para que no entrara el frío del otoño londinense, se deshizo de su bufanda y se sentó a la mesa de la  cocina, donde Liam, Louis, Niall y yo tomábamos nuestro desayuno, que variaba desde un par de cruasanes hasta un festival de beicon, huevos fritos y demás alimentos dignos de los famosos desayunos ingleses.
-¿De dónde vienes, chaval?-preguntó Louis. Stan sonrió.
-De casa de mi dama.
-¿Podemos saber su nombre?
Stan negó con la cabeza.
-Dínoslo, Stan, venga-supliqué. Él suspiró.
-Louis va a matarme.
Dejó la tostada a medio masticar y giró la  cabeza.
-¿Que qué?-replicó Louis. Stan negó con la  cabeza.
-Nada.
-Mi hermana.
-No.
-¿Mi hermana?
-¡No!
-¡Mi hermana!
Stan asintió con la cabeza, Louis se levantó y se lo quedó mirando.
-¿Te has tirado a mi hermana?
-No...
-¡TE HAS TIRADO A MI HERMANA!-espetó él, estupefacto.
-Un... poco.
-¿Cómo que un poco?-replicó Liam, atónito. Observé a Stan.
-Louis, Louis, eh, mira, solo íbamos a dar una vuelta, ya sabes, por los viejos tiempos, como colegas. Nos metimos en un bar y una cosa llevó a la otra y...
-¡¿HAS EMBORRACHADO A MI HERMANA Y TE LA HAS TIRADO?!
-¡No! No la he emborrachado. Estaba perfectamente sobria. No hay...
-Traga, Louis-susurré yo, alzando su taza de café. El asintió, dio un largo trago y esperó un ratito antes de decir:
-Gracias, nena.
-De nada.
-¿Tomasteis precauciones?
-¡Claro!
-¿Fue solo un polvo?
-Yo a Lottie la respeto, Louis.
-Bien, bien-asintió él, dándole otro sorbo a su café-. Y, eh... Stan... si le haces daño... tendré que partirte las piernas. No es nada personal, ya sabes.
Stan asintió.
-Claro, Lou.
Louis le dio un par de palmadas en la espalda y asintió.
-Sí... las piernas. Qué guay-suspiró.
El ambiente de tensión fue disipándose lentamente, especialmente cuando yo me levanté y le di un codazo a Stan para que se sentara con su mejor amigo. Terminaron compartiendo tostada y risas.
Liam miró el reloj y se levantó de la mesa.
-Habrá que levantar a las damas, ¿no?-sugirió. Niall y Louis asintieron.
-¿Por qué? Es temprano.
-Hay cosas que hacer.
Fruncí el ceño.
-¿Como qué?
Miré a Louis, que se limitó a no hacerme caso y continuar devorando su tostada como si nada. Cuando llegó de noche yo ya estaba en la cama (en mi cama), se puso el pijama y me empujó a un lado, yo le sonreí y le di un beso, le pregunté que si mañana íbamos a hacer algo productivo y él me dijo que todavía no lo sabía, asentí y me quedé dormida, sin tener ni idea de sus planes.
-Díselo, Lou-le animó Niall, dándole un codazo.
-Vamos a ir a ver un amigo.
-Ah. ¿Quién?
-¿Te suena Simon Cowell?-sonrió Liam.
Se echaron a reír cuando me puse pálida.

Cuarenta y cinco minutos antes, salimos del coche. A mí tuvieron que sacarme, prácticamente a rastras. Entramos en una gran mansión a las afueras de la capital. Una chica llegó a todo correr a nuestro encuentro.
-¿One Direction?
-¿Tienes que preguntar?-espetó Alba. Noe le lanzó una mirada envenenada, yo le di un pisotón. Zayn asintió.
-¿Quién va primero?-preguntó la chica. Todos dimos un paso atrás y dejamos a Louis delante, solo. Él se giró y extendió los brazos, ¿De qué coño vais? 
Terminó suspirando y levantando la mano un segundo.
-Simon os espera. Por aquí-susurró, comprobando la tabla en la que tenía enganchadas unas hojas y echando a andar por un pasillo.
Terminó llevándonos a un despacho con vistas a Londres, a un lado, y al campo, al otro. Una preciosa fusión de los dos potenciales turísticos de Inglaterra.
Simon alzó la vista de los papeles y nos miró un segundo antes de sonreír.
-Chicos...
Ellos saludaron, sonrientes.
-¿Por qué siempre que venís a verme es para pedirme algo?
Liam negó con la cabeza.
-La última vez que te vinimos a ver estábamos a punto de entrar...
-Por eso lo digo-replicó Simon, echándose a reír. La chica desapareció en cuanto pudo.
Estudió a las chicas con una mirada envenenada, noté cómo mis amigas cambiaban el peso del cuerpo de un lado a otro, mientras yo pugnaba por respirar.
-ELo-sonrió él, en mi dirección. Asentí.
-H-Ho-Hola-tartamudeé. Simon se echó a reír.
-Mujer, no me he comido nunca a nadie. No voy a hacerte nada.
-Vale.
-Creo que sé por qué estás aquí.
-Creo que ya sabes más que yo.
Volvió a reírse, y después miró a los chicos.
-¿Quién es el afortunado?
Louis dio un paso adelante, sin apartar la vista de mí. La sonrisa de Simon se hizo más amplia.
-Louis, Louis, Louis.
-Simon, Simon, Simon-replicó mi novio, sonriendo, clavando al vista en su ex tutor. Simon sonrió.
-Tienes buen gusto.
-Eso siempre.
-¿Qué queréis?
-Un contrato.
Los ojos del cazatalentos más famoso del mundo se posaron de nuevo en mí, haciéndome más pequeña.
-Discográfico-dedujo él. Louis negó con la cabeza.
-No, de secretaria.
-Tengo de sobra.
-Estoy de broma.
-Siempre lo estás, Louis-Simon alzó una ceja y Louis le sonrió. El magnate se levantó de su silla, rodeó su mesa y se apoyó en ella, más cerca de mí-. Normalmente te pediría que cantaras.
Asentí.
-Pero no voy a hacerlo.
Quise preguntar por qué; mis ojos lo hicieron por mí.
-Sería una pérdida de tiempo, ¿no crees?
Me encogí de hombros. Sí, podía serlo.
-¿Erika, no?
Asentí.
-Todos me llaman Eri-dije, capturando un mechón de pelo rebelde entre los dedos y colocándomelo tras la oreja.
-Pues Eri, si lo prefieres. Ya te escuché cantar en las Olimpiadas. Mi veredicto es sencillo.
-¿Desastroso? ¿Amateur? ¿De dónde ha salido esta inexperta?
-Impresionante.
Los chicos sonrieron, sabedores de que Simon no iba por ahí regalando sus halagos.
-Por desgracia, no voy por ahí repartiendo contratos a diestro y siniestro. Necesito saber cuál es tu estilo. El real. Eres buena imitando, pero no vas a imitar canciones; tú les darás vida. ¿Te crees capaz?
-Supongo-asentí. Él sonrió.
-Bien. Te pediré una canción, haré que te escriban alguna, y quiero oír cómo la interpretas. Tenemos que encontrarte voz.
-Vale.
-Pero también tendrás que pasar una prueba.
-¿Prueba?-preguntamos todos salvo mis amigas. Simon sonrió.
-Sí, ¿de qué os sorprendéis? No es mi estilo. No voy regalando cosas, y lo sabéis.
Ellos asintieron, la cosa tenía sentido.
-¿Qué prueba?
-Todavía no lo tengo claro, pero tengo que pensármelo.
Asentí, mordiéndome la lengua, pensativa.
-¿Simon?
Todos nos giramos a mirar a Noemí.
-¿Sí?
-Quiero entrar en la siguiente edición de The X Factor.
Simon asintió.
-Tendrás que hacer la prueba.
-¿Es necesario vivir aquí?
-Estaría bien que lo hicieras, sí.
Noemí asintió.
-¿No puedo... saltarme un par de pasos?
-También tendré que pensarme eso... y si podrás entrar. Tú también cantaste algo, ¿no es así?
-Sí.
-Bien. Tengo que consultarlo, pero no veo por qué no podrías audicionar, pequeña.
Noe asintió.
-Gracias.
-No me las des-sonrió Simon. Ya no imponía tanto como solía hacerlo.
Nos mandó sentarnos en unas sillas que por arte de magia habían aparecido detrás de nosotros. Nos apiñamos alrededor de la mesa, y él tomó asiento en su silla de cuero. Cogió su bolígrafo entre las manos y lo hizo girar de manera frenética.
-No sé si me gusta que hayáis metido a nadie ajeno a la discográfica a grabar una canción con Matt, chicos.
Ellos asintieron.
-No volverá a pasar.
-Eso espero.
Esperamos un rato mientras él revolvía en sus papeles, tomaba algunas notas y, por fin, se dignaba a levantar la vista y mirarnos.
-Ya se me ha ocurrido qué vamos a hacer contigo, Erika.
Y nos contó su idea.

Lidia, ayer fue tu cumple ♪

Te tenía hecho un tablón soberbio, pero me refrescó la página y adiós, me cago en la virgen JAJAJAJAJAJAJA. Comencemos, pues.
¡Hola, mujer de Dios, de la Virgen y de todos los santos! Un pajarín me dijo que ayer cumpliste 17 años, pues yo, como soy así de guay, te felicito los 17 años y UN DÍA. Eso no te lo va a hacer cualquiera.
Empecemos por el principio, ¿te parece?
Nos conocimos en Inglaterra, y tú fuiste una de las cosas más guays que allí experimenté. Me acuerdo de cuando paseábamos por Canterbury, intentando que la gente nos contestara a las preguntas del cuestionario que nos habían dado, cuando le volcamos los monederos al tío del Starbucks para que cogiera las monedas que debía coger (porque las libras son muy raras, ¿te acuerdas?), luego intentando encontrar los buses con el cartel de la película de Taylor...
Cuando nuestra "madre" nos dijo a Nuria y a mí que iban a venir unas compañeras nuestras para ir hasta la escuela, la verdad es que sentí curiosidad, preguntándome quién serían esas chicas. He de decir que la verdad es que no os presté demasiada atención a Sarai y a ti, ya que iba demasiado ocupada intentando memorizando el camino, y creo que aún sería capaz de llegar desde el Starbucks de la catedral hasta mi antigua casa. Pero mientras todas íbamos mirando a todos lados, absorbiendo los lugares por los que pasábamos como esponjas, se formó un vínculo entre nosotras, vínculo que se acentuó cuando me senté contigo en las clases de inglés. Qué bien lo pasábamos, ¿eh?
Luego me acuerdo de Londres, de cuando estábamos en los jardines de la reina o cuando me abandonasteis momentáneamente en Covent Garden, y cuando bajaste a darles una propinilla a los que estaban de orquesta actuando en esa plaza, porque la chica del chelo era la ama, dando brincos con él como si nada... ahí supe que tenías un corazón grande como la catedral del pueblecito donde pasábamos las noches.
Después, se acabó Inglaterra, pero nosotras seguimos en contacto. Nos abrazábamos cuando nos veíamos por los pasillos, me contabas tus cosas y yo a ti las mías, y comenzamos a ser amigas.
Cuando yo tuve esos problemas, tú me ayudaste, me recibiste con los brazos abiertos, y eso no se olvida, ¿sabes? Ahora tienes Eri para rato. Ajo y agua.
¿Qué más decirte, querida, aparte de lo que ya te he dicho de que eres un cielo de persona? Felices 17. Disfruta los 17, que para mí, personalmente, es imposible que no sean felices; pues es cuando un mago se vuelve mayor de edad (aunque una Muggle como tú tendrá que esperar todavía un año más, JAJAJAJAJJA qué malos somos en Hogwarts).
Te quiero.
(Publicado en Tuenti el 27 de Septiembre a las 16:34, 15:34 en Canarias, Londres, Portugal y sucedáneos)

viernes, 28 de septiembre de 2012

Cómo aprende la española.

Sorprendentemente, esa vez fue Niall uno de los que llegó los últimos, posiblemente porque Zayn se quedó sujetándolo con Stan mientras Louis, Liam y Harry echaban a correr hacia nosotras en cuanto las fans les gritaron que ya habíamos llegado a la terminal.
-¡LOUIS! ¡LOUIS, AHÍ LAS TIENES! ¡CORRED!-bramó una pelirroja que tenía al lado, Alba dio un brinco y se la quedó mirando sin comprenderla en un principio, pues tenía un fortísimo acento escocés y juraría que habló en un dialecto de el país más verde y montañoso del Reino Unido en vez del idioma más estandarizado.
El murmullo de que ya habíamos aparecido llegó a los chicos incluso antes de hacer contacto visual con nosotras, pero solo cuando confirmaron que realmente estábamos allí fue cuando iniciaron el ritual de bienvenida.
De un brinco abracé a Louis, le pasé las piernas por la cintura y él me sujetó en el aire.
-¡BESAOS!-chilló otra, esa vez no sabía quién había sido, pero rápidamente sus compañeras las corearon.
Louis me sonrió, se inclinó hacia mí y me besó suavemente mientras las demás chillaban. Escuché las risas de Zayn y Niall, los silbidos de Stan, y los gritos histéricos suplicando a las otras dos parejas del grupo que nos imitaran.
Louis me dejó delicadamente en el suelo y observó la mancha de la cadera.
-¿No te la has quitado aún?
Negué con la cabeza, sonriendo.
-Tal vez ni te hayas duchado... cochina-continuó, le di un suave puñetazo en el pecho y se echó a reír.
-Me lo repasaba cuando salía de la ducha.
-Fascinante.
Una rubia de ojos azules que me recordó muchísimo a Niall nos gritó:
-¿Qué te has tatuado, Eri?
La chica se puso roja y abrió los ojos como platos cuando me giré y le sonreí; evidentemente, esperaba que pasara de largo sin hacer caso de ella.
Pero no era mi estilo.
Porque no era el estilo de la banda, y el estilo de la banda había pasado a ser mío también.
Todo el grupo de fanáticas enmudeció, los agentes de seguridad se me quedaron mirando, esperando que las provocara o que las invitara a saltarse el cordón policial que se había formado en media terminal y que vinieran a averiguarlo.
-Sois mejores que la CIA. ¡Descubridlo vosotras!
Varias sacaron sus teléfonos móviles y se pusieron a teclear histéricas, otras aprovecharon sus aparatitos para hacer fotos a la homónima femenina de Harry, según las propias chicas, en Larry Stylinson.
Niall corrió a abrazarme, me levantó varios centímetros del suelo y sobre él, a pesar de que era apenas me saltaba medio decímetro, Zayn me estrechó entre sus brazos mientras me sonreía, como diciendo Por fin has vuelto, pequeña, Liam me acarició la cintura y Harry me dio un beso en la frente, provocando gritos histéricos entre las Directioners (siempre que Harry pestañeaba había gritos frenéticos, eso había que decirlo).
Stan abrió los brazos y esperó a que yo me lanzara entre ellos. Me besó en la mejilla y me revolvió el pelo.
-¡Para, imbécil! ¡Sabes que no me gusta!
-¡Por eso lo hago!-replicó, riéndose. Louis le dio un codazo amistoso, tiró de mí y me abrazó la cintura.
-Búscate una novia, forever alone-le espetó. Stan se rió con más fuerza, y su mejor amigo no tardó en unírsele.
Una morenita se acercó corriendo a nosotros, y Paul se puso tenso en seguida. Alzó las manos, sosteniendo un osito de peluche en la derecha, demostrando que no era peligrosa. Las  fans chillaron. Paul se hizo a un lado, pero se mantuvo muy cerca de la chica.
La chica le tendió el peluche a Niall.
-Tu regalo de cumpleaños, Niall.
Varias fans se echaron a llorar, y Niall le sonrió.
-¡Gracias!-abrazó a la morena, que se quedó paralizada un momento, pero luego aprovechó su oportunidad para devolverle el abrazo-. ¿Tu nombre?
-Victoria.
-¿Beckham?-preguntó Louis. Ella negó con la cabeza y se echó a reír.
-¡Ojalá!
Louis asintió con falsa tristeza. Victoria me sonrió.
-Tiene una carta dentro. Me gustaría que la leyeras... si te apetece-apartó la vista de mí para fijarla en los ojos azules de Niall. Niall asintió, volvió a abrazarla y llamó a los chicos para hacerse una foto con la morena. Las fans chillaron aún más, y creo que un par de ellas cayeron al suelo, desmayadas. Vi cómo Zayn se mordía el labio, le ponía muy nervioso cuando alguna de sus chicas hacía eso.
Alba se pasó una mano por el pelo, echándoselo hacia atrás, suspiró y miró en todas las direcciones antes de susurrar:
-¿Habéis encontrado algo?
Noe negó con la cabeza; yo me encogí de hombros y arrastré la enorme maleta cargada de libros que traía desde casa. Después de lloriquearle mucho a la chica del aeropuerto para que no me obligara a pagar una multa por exceso de peso (mintiendo descaradamente diciéndole que allí iban las cosas de las tres), me las había ingeniado para tirarla fuera de las cintas donde las maletas se dedicaban a girar como perros abandonados esperando a que su dueño volviera, cuando un amable señor me ayudó a incorporarla para que pudiera llevarla hasta donde los chicos.
La maleta.
Mierda, la había dejado atrás.
Salí disparada corriendo y todo el mundo se me quedó mirando. Llegué resollando al lado de mi abandonada criatura justo cuando una señora con pinta de cotilla estiraba la mano hacia ella.
-¡EH!-le grité a la paisana. La mujer se volvió.
-¿Sí?
-Es mía.
-Demuéstralo-replicó la estúpida mientras las fans se acercaban y observaban la escena, estupefactas ante el hecho de que mi maleta había estado ahí sola todo el tiempo y recriminándose no haber conseguido hacerse con una fuerte de información tan suculenta.
-Señora-le gruñí, la mujer alzó la mandíbula, altiva-, toque mi maleta y le juro por Dios bendito que le corto la mano.
Debía de tener un brillo furioso en mi mirada, porque la mujer desvió la vista un segundo hacia mi equipaje, se encogió de hombros y se marchó diciendo:
-¡Qué modales!
Puse los ojos en blanco y no pude evitar sonreír cuando una fan (seguramente una de las que me había hablado antes):
-¡Solo está defendiendo lo suyo, señora!
-¡Ojalá no le roben las tierras, mi lady!
-¡La Edad Media terminó hace mucho!-espetó una, a lo que otra del fondo le contestó:
-¡Cuando era joven!
Todo el mundo se echó a reír, yo luché por no sonreír, pero no lo conseguí. Me llevé el índice a los labios y traté de acallarlas, pero ya habían llegado demasiado lejos. Louis hizo un gesto con la cabeza hacia la puerta, arrastré mi maleta hacia él y dejé que la cogiera.
Dejó escapar una expresión de asombro.
-¿Qué? El ser un digno caballero inglés tiene su precio, ¿eh, milord?
Negó con la cabeza, se echó a reír y me pasó un brazo por los hombros.
-¿Qué has armado ahí atrás?
Me encogí de hombros y le besé el pecho. Alguna fan que había quedado rezagada cuando estábamos en la terminal pudo disfrutar de ese momento, y lanzó un chillido. Louis no le hizo caso, pero a mí seguía costándome fingir una indiferencia que no sentía.
-Una vieja quería robarme la maleta.
-¿Qué traes? ¿Lingotes de oro?
-Libros.
Suspiró, triste.
-Entonces no pasaba nada por que se la hubiera llevado.
Nos detuvimos al lado del coche y esperamos a que lo abrieran. Levantó la puerta del maletero, bufando por el esfuerzo (¿cuánto llevaría allí? ¿40 kilos?), la dejó caer y se limpió las manos en un gesto que quería decir, claramente, ya está.
-Lou.
Recibí un vago mmm como respuesta, pero sus ojos me prestaban una atención casi reverencial.
-Para mí es como si llevara lingotes de oro.
Se echó a reír, se acercó a mí y me tomó de la cintura. Se apoyó contra el coche, me cogió la mano y me la llevó hasta mi cara, aprovechando para acariciarme la mejilla con la punta de los dedos.
-No es literatura.
Me mordí el labio inferior.
-Es verdad.
Sonrió, se inclinó hacia mí y me besó suavemente.
Liam pitó.
-¡VAMOS, COÑO!-bramó, riéndose. Louis se giró, le hizo un corte de manga y me dio un rápido beso en los labios.
-¿Pudiste dormir aquella noche?
-No puedo dormir cuando no estás en mi cama.
-Es una lástima.
Me abrió la puerta y yo me lo quedé mirando.
-Milady.
-Milord-repliqué, burlona, entrando en el coche y sacándole la lengua a Stan, que se sentaría a mi lado.
-Prepárate para que se pongan pegajosos, tío-le avisó Niall, toqueteando la pantalla del nuevo iPad que se habían comprado mientras jugaba desesperadamente a Angry Birds.
-¡No nos ponemos pegajosos!-protesté yo, dándole una colleja a Niall, pero este la esquivó en el último momento.
-No, qué va.

Todos musitaron expresiones de asombro (mis amigas incluidas, pues yo había llamado al puñetero taxi y yo había terminado pagándolo) cuando abrí la maleta y descubrí todos los libros que había traído.
-¿Cuántos...?-empezó Harry, cogiendo uno y hojeándolo. Lo colocó sobre la mesa.
-16.
-¿Páginas?
-No las digas-suplicó Louis.
-No las he contado. Cerca de diez mil.
Gimieron.
-Sabéis que es imposible que leamos todos los libros para mañana, ¿no?-murmuró Zayn, repitiendo el mismo proceso de Harry.
Noemí procuraba mantenerse apartada del grupo, como fingiendo desinterés, pero en realidad yo notaba cómo miraba por el rabillo del ojo lo que hacía Harry o dejaba de hacer, preguntándose qué habría pasado en mi casa cuando él vino a verme, después de que yo le robara tiempo de estar con su chica.
Tenía que reconocer que no esperaba verlo allí. Lou ni siquiera me había mandado un mensaje (algo que en Octubre descubriría que era demasiado típico en él, pero no estaba allí para criticarlo, al fin y al cabo el factor sorpresa era uno de sus puntos fuertes), así que no tenía razones para esperar verlo.
Por eso estuve un par de minutos observándolo, intentando encontrar un algo que me indicara que, en realidad, no era él.
Entonces abrió la boca, habló con aquella voz que a todos nos encantaba, y me confirmó quién era. Me hice a un lado y lo dejé pasar, al fin y al cabo, mis padres no volverían a pegarme con él delante.
¿O sí?
Pero mis padres habían pasado a un segundo plano. Estaba allí.
Liam había estado allí.
Y se suponía que, siguiendo un orden lógico, el primero en haber ido a mi país, a mi ciudad, a pasar unos días conmigo, era Louis; no en vano habíamos sido los primeros en salir y les llevábamos casi un mes de ventaja a Liam y Alba y dos a Harry y Noemí.
Después de conducirlo a mi habitación, de hartarme de mirarme las uñas, formulé la pregunta que en realidad me apetecía ir a gritar por las calles de aquella ciudad norteña llamada Doncaster.
-¿Por qué él no viene a verme?
Por la cara que puso deduje que se esperaba cualquier otra pregunta, y eso que la mía era muy simple: ¿Por qué? ¿Por qué no estaba allí? A Alba no la reñían ni la insultaban cada dos por tres, todos los días; a Noe no le pegaban, ya mí sí.
Yo necesitaba a mi novio más que ellas. Era yo la que no comía, yo la que no dormía, yo la que no paraba de darse toquecitos en la cadera para sentir la L que me había pintado, que era casi como si él estuviera allí, yo la que no paraba de jugar con la pulsera o con el anillo. Yo. Todo yo.
Era yo la única que dependía desesperadamente de tener a Louis cerca para poder vivir. Ellas no.
Ellas traían a sus novios.
Y yo, no.
Cuando me abrazó y pude echarme a llorar entre sus brazos, me sentí bien. Mejor incluso de lo que esperaba.
No eran los brazos de mi novio, pero sí los de uno de mis mejores amigos, y aquello se agradecía. Además, había que reconocer que sabían consolar.
Había dos tipos de chicas: las que necesitan que les hables para tranquilizarlas, y las que necesitan tranquilizarse para que les hables.
Yo era de ese segundo grupo, por supuesto. Así que cuando me harté de llorar, de acurrucarme contra su pecho y escuchar su respiración acompasada, impaciente porque me pusiera bien y porque me tranquilizara, me separé de él, me pasé la manga de la sudadera que me había puesto por la nariz y me froté los ojos.
Estaba horrible. Estás horrible, y con Harry Styles.
Pero me daba igual.
No era Harry Styles aquel chico que me estaba mirando, el rompecorazones de mi banda favorita estaba muy, muy lejos. A años luz. Era simplemente Harry, Hazza, Ricitos de chocolate, Ricitos violables, y un largo etcétera de nombres cariñosos.
-¿Vas a decirme por qué estás así?-replicó, volviendo a estrecharme entre sus brazos y balanceándonos suavemente. Me besó la cabeza, y yo cerré los ojos.
-Es una larga historia.
-Tengo una hora.
-Suficiente-repliqué. Quería contárselo, necesitaba contárselo.
Siempre sería mejor contárselo a una persona que estuviera físicamente delante de ti a una pantalla.
Aunque esa persona fuera un amigo y la pantalla, tu novio.
Le hice un rápido resumen de que estaba harta de mis padres, harta de estar todo el rato defendiendo lo que era mío por derecho (mi espacio personal, me refiero),  de que me gritaran que por qué tenía que ser de una manera cuando lo único que hacía era contestar. Él sabía que en casa no era como en el resto de los sitios, al igual que sabía que me pusiera histérica que me dijeran que más valía muerta, que qué asco de tía, cuando era la mejor en mi clase.
Muchos eran unos negados y eran peores que yo, y sus padres no se quejaban.
Terminó quedándose dos horas, ayudándome a limpiar la habitación, y sonriendo cuando encontró la libreta con sus caras que había conseguido un día de compras locas en Claire's.
-Lo demás no importa, ¿sabes? Llevo 16 años soportando que me pisoteen-me encogí de hombros, y él asintió, pensativo en lo que le decía-, ya es una costumbre. Pero no voy a dejar que se metan con lo más importante para mí.
-¿Insultaron a Louis?-preguntó él, a la defensiva. Negué con la cabeza, luego la sacudí a un lado y a otro.
-No. Os insultaron a todos.
Incluso podría esperar que insultaran a Louis, al fin y al cabo, habían tenido contacto directo con él, y podrían ser lo suficientemente raros como para que les cayera mal, pero... ¿los demás? No habían hablado con ellos. Salvo la vez que nos pusimos todos a recoger hojas del jardín de mi casa, se habían puesto a ayudar. No tenían derecho a llamarlos gilipollas. Ni nada.
-Voy a matarlos como vuelven a decir algo así-suspiré y pasé un trapo por la foto que teníamos los ocho juntos, a los pies del Big Ben.
-Kung-fu Eri-sonrió Harry, y se echó a reír.
Acabamos echando unas partidas a la Play, y él se marchó cuando se aseguró de que estaría bien.
Mi padre me preguntó con desdén que si era otro de mis amiguitos ingleses.
No contesté.
¿Coste? Tres tortazos, un tirón de pelo, y una patada.
Me sorprendía que no me hubiera dejado moratones.
-Ilumíname en el camino sagrado del señor, oh Gran Zayn-repliqué, sarcástica, de vuelta a aquel viernes londinense.
-Cuatro personas entienden estos libros-murmuró Liam, sacando otro.
Niall echó un vistazo al contenido y negó con la cabeza.
-Tres.
Stan estiró la mano y cogió uno de los más grandes como si mordiera. Louis lo imitó.
-¿Alguien ha encontrado algo?
Stan carraspeó.
-Teorías conspirativas, miles. Cosas normales, cero.
Asentí.
-¿Te lo ha contado Louis?
-Cuando fui a Doncaster a sacarlo de casa estaba sobando encima de un libro.
Louis sonrió, frotándose la frente.
-Dormí dos horas esa noche.
-Eres un traidor a la patria-replicó Stan, riéndose y dándole un puñetazo en el pecho.
-¿Y si vemos Discovery Channel? Ahí tienes gilipolleces a mansalva-sugirió Alba. Negué con la cabeza.
-Los libros son la solución. Lo presiento. Hay algo aquí.
-Estoy harta de leer.
-¿Tú te has quedado hasta las tantas con esta mierda? Te recuerdo que esto es para ti-le reproché. Louis me empujó hacia atrás.
-Eri...
-¡Perdona por no caerle bien a la que le he quitado el sitio!-bramó Alba. Sonreí.
-Tal vez Danielle quiera que sea yo quien te mate.
-Serías capaz.
-No lo dudes.
-Chicas. Chicas-resopló Harry, poniéndose entre nosotras y apartándonos la una de la otra, con los brazos extendidos. Si en vez de rizos tuviera bigote, fuera canoso, un poco más bajo y más viejo y yo fuera Jacob y Alba Edward, aquello parecería Eclipse.
Ella pareció ver también la similitud en la escena.
-Ahora no hay tiempo para pelearse. Tenemos que hacer algo. Y rapidito-nos instó Noe, moviendo el brazo y sacando su vena Sánchez.
Volví a cruzar una mirada con Alba, y noté cómo los dedos de Louis se deslizaban por la palma de mi mano hasta entrelazarse con los míos. Basta. Ahora, no.
Ni ahora ni nunca.
Asentí.
-¿Qué vamos a hacer?-preguntó Alba. Me encogí de hombros.
-Seguir con lo mismo-recogí mis libros, los apilé y observé el que quedaba encima. Noe cogió uno y ella otro.
-Estoy harto de eso. ¿No hay otra manera?
-Si crees que la hay, por favor, dímela, Liam-gruñí. Se encogió de hombros.
-¿Suplicar?
-No pienso suplicarle a Danielle-replicó Alba, negando con la cabeza a un ritmo frenético.
-Yo voy a parar-anunció Niall, como si me estuviera pidiendo permiso... o terminar con aquella maratón lectora en la que había convertido mi vida.
-Yo, no-sentencié. Sentía todas las miradas sobre mí...
Liam era el padre de la banda.
Yo era la madre de todos.
-¿Sabéis por qué?
-¿Porque eres terca como una mula?-sugirió Zayn, moviendo los brazos y rascándose la cabeza.
-Porque soy española-espeté, sacando la lengua.
Sonrieron.

Después de pasar páginas desesperadamente por hasta tres libros diferentes, buscando alguna de las palabras clave (menstruación, ovulación, embarazo), cerré el que tenía entre los dedos de un golpe y sonreí cuando mis amigas dieron un brinco.
Niall, en su afán devorador, mordisqueaba el lápiz que tenía en las manos como si de un castor se tratara. Al final, se había sentido demasiado mal para dejarnos a los demás investigando, así que había cogido un libro y se había dedicado a ojearlo en busca de las palabras que le habíamos anotado, además de preguntando cada dos por tres qué significaba una que no conocía y anotando el significado en un libreta de anillas que tenía a su lado.
-Voy a ver si Louis y Stan han tenido más suerte-anuncié. Ellos asintieron, aburridos, y volvieron a su lectura.
Si la madre de Noemí viera a mi amiga leyendo con tanto afán, lloraría de felicidad.
O seguramente diría que aquella no era su hija y que le dijéramos de una (puta) vez dónde estaba Noemí.
Me asomé al salón y contemplé a Zayn y Liam sosteniendo cada uno un libro del tamaño de los Atlas de mi instituto (más grande que las mesas de cualquier alumno) y leyendo a toda velocidad las palabras. Habían llegado a la conclusión de que serían más rápidos si leían páginas contiguas, creyendo que serían capaces de rendir más.
Harry observaba la televisión con gesto distraído, y, cuando había anuncios, posaba la vista en el portátil y continuaba leyendo los blogs en los que se había metido.
-¿Cómo vais?
-Mátame-espetó Zayn, mirándome con el sufrimiento impregnado en la mirada. Negué con la cabeza.
-No. Eres productivo.
Subí con desgana las escaleras por primera vez en mi vida, me arrastré por el pasillo y abrí la puerta de la habitación de mi novio sin llamar (¿qué podría pasar? ¿Que estuviera cambiándose y le viera desnudo? ¡Ja! Vaya chiste)
Stan estaba sentado en el escritorio, golpeando la esquina del libro que lo tenía absorto... y Louis estaba tendido en la cama, dando suaves pisotones al aire, como cuando se escucha música tumbado, y con un libro (Fases de la natalidad y los ciclos femeninos de un nombre que no reconocí) colocado sobre su cara, tapándosela. Carraspeé, y él no se movió.
-¿Stan?
-Shh-me instó, señalando su libro-, estoy estudiando.
-Ya, ya lo veo. ¿Louis está... dormido?
Negó con la cabeza.
-Solo escucha música.
He ahí el por qué de las sacudidas de su pie.
Me senté a horcajadas sobre su cintura y le quité el libro. Tardó un instante en abrir los ojos, frunció el ceño por la claridad y me miró. Me sonrió.
-Hola-saludó. Le devolví la sonrisa y me señalé la oreja.
-¿Qué escuchas?
Palmeó el colchón a su lado para que me tumbara, y obedecí. Me coloqué de costado, con el codo apoyado en la almohada y la cabeza en la mano y cogí el auricular que me ofrecía.
-¿Robbie Williams?
Se incorporó y miró a Stan, que tenía la boca abierta.
-¿Ves? Te dije que tenía cultura.
-¡Si es de la generación Justin Bieber, no me jodas!
Sonreí.
-Me gusta Britney Spears.
-Peor me lo pones.
Le lancé la almohada y él se echó a reír.
-¡Tú sí que no tienes cultura! ¡Rock era lo de Elvis, no lo que hay ahora! ¡Vamos, hombre!-ladré, riéndome. Volvió a abrir la boca.
-¿Conoces a Elvis?
-¿Estás mal de la cabeza? ¿Quién en este y los otros millones universos no conoce a Elvis?
Stan alzó las manos.
-Está bien, está bien.
Louis se giró a mirarme y me acarició la mandíbula.
-Stan también escucha a Britney.
-Lo sabía-asentí, sonriendo. Él se inclinó hacia mí y posó sus labios en los míos, de una forma tan inesperada que a mí apenas me dio tiempo a cerrar los ojos.
Stan sonreía.
-¿Os enciendo unas velitas?
-Vete a la mierda-replicó Louis, desperezándose y mostrándole su dedo corazón.
Robbie Williams dejó paso a una canción con demasiada importancia instrumental para mí. Me quité el auricular y se lo pasé; él sonrió.
-¿Demasiado fuerte?
-Fuerte. Y punto.
No tenía nada en contra del heavy, simplemente no me gustaba, creía que la música debía tener paridad en cuanto a voz e instrumentos, y aquello de que el cantante tuviera que dar gritos para hacerse oír entre el eco de la batería, las guitarras eléctricas y sucedáneos era demasiado para mí.
Pero a Louis siempre le hacía gracia porque él no escuchaba realmente "heavy", sino... no me acuerdo de cómo lo llamó, pero me dijo que si algún día me pusiera lo que él entendía por heavy saldría corriendo en dirección contraria.
Cogí el libro y le eché un vistazo.
-Ya va siendo hora de que vuelvas a trabajar, ¿eh?-le dijo Stan a Louis. Este último alzó una ceja.
-¿Por?
-Hace 35 minutos que cerraste el libro.
Esta vez fue Lou quien puso los ojos como platos.
-¡No me jodas!
Stan asintió, sonriendo.
-¡Pues me he quedado dormido, tío!-replicó él, riéndose. Stan se pasó una mano por el pelo negro, recordándome aún más a su mejor amigo, y asintió con la cabeza.
-Ya me parecía a mí, pero bueno, pensé Dejémosle tranquilo, así no incordia.
-Hijo de puta-replicó Louis, negando con la cabeza.
Encontré otra lectura con la que entretenerme mientras ellos volvían al trabajo, y me tumbé con los pies sobre la almohada si no los hubiera dejado en el aire, porque, según Louis no debía ser una cochina, acuérdate, nena, de que vamos a dormir aquí; razonamiento al cual tuve que dar la razón.
Louis de vez en cuando le preguntaba el significado de alguna palabra a Stan, este se para a pensar un momento, lo miraba y le decía un sinónimo; mi novio asentía, alzaba el pulgar y continuaba con la lectura, frunciendo el ceño.
-¿Por qué no dejas al pobre Stan?-le recriminé. Me acercó el pie a la cara y yo me giré, riendo-. Ahora es cuando te meto un mordisco y...
-Está estudiando filología-explicó Louis, haciendo caso omiso de mi amenaza. Miré a Stan, y, dado que el de ojos azules se negaba a darse por vencido en su tarea de intentar tocarme la cara con el pie, me vi obligada a cogérselo por el tobillo, pegárselo al colchón y pasar la mano despacio por la planta, haciendo que dos patadas involuntarias de mi novio pasaran demasiado cerca de mí.
-¿De veras?
Stan asintió.
-Así es.
-¿Te gusta?
-Le gustaba la profesora, que no es lo mismo-replicó Louis, riéndose histérico, en parte por las cosquillas, en parte por su propio chiste. Stan fingió considerar la idea.
-Puede ser.
-Tío, no me digas que no estaba buena-replicó Louis, incorporándose hasta quedar sentado y liberando su pie. Stan asintió, convencido.
-Sí, estaba muy buena.
Louis sonrió.
-Sabía que era por eso, cabrón.
-¡Tío, tú cantas en una banda y consigues a la tía que te dé la gana, y yo me meto en el mercado! ¡No todos podemos comprar a domicilio, ¿sabes?!
Me eché a reír.
-Louis no me compró a domicilio.
-No iba por ti, Eri.
-En realidad, tú viniste hasta mí-replicó Louis, burlón. Fingí ofenderme.
-¿Perdona? Tú me besaste.
-Me habrías violado si no lo hubiera hecho.
-Gilipollas.
-Borde.
-Estúpido.
-Boba.
-Imbécil.
-Tonta-replicó, cogiéndome por el pie, arrastrándome por la cama y obligándome a incorporarme.
-Subnormal.
Sonrió, se inclinó hacia mí y susurró:
-Idiota.
Me besó. Primero despacio y tierno, luego rápido y apasionado, y yo noté cómo se me iba escapando mi voluntad.
Seré lo que tú quieras que sea.
Hacemos un buen equipo.
Sí, sobre todo cuando practicamos el deporte universal.
-Me piro, tortolitos-anunció Stan, sonriendo. Nos separamos y lo miramos.
-No te sientas obligado, ¿eh?-se cachondeó Louis. Le di un codazo. Stan se encogió de hombros.
-No te preocupes, pequeña, siempre hacemos eso cuando estamos con nuestras novias.
-¿Qué?-pregunté yo, confusa. Louis se giró para mirarme.
-Orgías.
Stan y él se echaron a reír. Le propiné un puñetazo en el hombro.
-¿Cómo eres tan gilipollas, Louis?
-Tengo de quién aprender.
Miró a Stan, y este le dio otro puñetazo.
-¡No vale! ¡No señor, no vale! ¡Sois dos contra uno! ¡Es una CONSPIRACIÓN!-bramó. Stan pasó sus brazos por debajo de los de su amigo y me lo ofreció. Louis me sonrió inocentemente.
-¡Pégale, Eri! ¡Dale su merecido!
Me eché a reír.
-¿Te lo sujeto?
-No puedes-replicó el otro. Stan negó con la cabeza.
-Nah, déjalo. No mereces mi tiempo, Swagmasta.
-Lo sé, Ladiesman. Lo sé.
Stan le revolvió el pelo y Louis trató de golpearle, pero no pudo, y me guiñó el ojo a mí.
Cuando estaba saliendo por la puerta, Louis dijo algo que hizo que se parara en seco y se girara a toda velocidad.
-Vas a llamar a mi hermana, ¿eh?
Cuando Stan se giró, pude apreciar que se había puesto rojo como un tomate.
Louis le guiñó un ojo.
-No.
-Ya, ya. Seguro.
-Acabo de perderme salvajemente-anuncié, mirándolos a ambos-. ¿De qué habláis?
-De nada.
-Le gusta mi hermana.
-¡No!
-¿No te parece guapa mi hermana? A ver si voy a tener que romperte la cara-Louis sacudió la cabeza, disgustado.
-Osea, sí... pero...
-Lottie y Stan tontean. Descaradamente, como diría Alba.
Alcé una ceja.
-¡Oh, Stan, quieres ser un Tomlinson!
-Técnicamente, sería Lottie la que pasaría a ser una Lucas, pero el razonamiento va por ahí.
-¡Que no me gusta Lottie!-gritó Stan, sonrojándose aún más. Louis no le hizo caso.
-De pequeños jugaban a papás y mamás juntos-me confió-. Yo era el hijo.
-Toda tu vida tuviste mentalidad de crío, Lou.
-Stan era el papá y Lottie la mamá. A veces se besaban.
Stan se abalanzó sobre él.
-¿CÓMO PUEDES MENTIR TANTO, PERRO DEL DEMONIO?
Louis se echó a reír y trató de zafarse de él.
-Reconócelo, mi hermana te gusta.
-Es maja.
-¡OH, DIOS! ¡VAS A SER MI CUÑADO!-canturreó Louis, haciendo que yo comenzara a reír como loca, a aplaudir como hacía Noe y dar vueltas en la cama como una croqueta.
Stan puso los ojos en blanco.
-Si tanto me quieres, cásate conmigo y así ya somos familia.
-Lo siento, pero me van las mujeres-replicó Louis, haciendo un gesto con la cabeza hacia mí. Me detuve a mitad del reboce y sonreí. Stan y Louis me miraban como si fuera un adorable perrito. Me gustó esa sensación.
-Me voy-anunció su amigo, por fin. Asentí.
-Llevas yéndote diez minutos-repliqué. Louis puso ojos como platos, me señaló y entonó:
-¡Uh! ¡Mira la española! ¡Cómo aprende!
Stan le dio un tortazo y Louis se echó a reír.
-Adiós, chicos.
-Hasta luego.
-Usad condón, que luego mi madre siempre me riñe a mí.
Stan le hizo un corte de manga y desapareció, dejando la puerta abierta tras de sí. Louis se levantó y fue a cerrarla.
-¿Dónde estábamos, criatura?
Le sonreí, coqueta, me estiré y me encogí de hombros.
-No me acuerdo.
-Qué lástima-respondió, sentándose a mi lado y besándome lentamente.
Terminamos haciendo lo que hacíamos siempre que estábamos en una cama: quitarnos la ropa el uno al otro, como bien sabíamos. Me besó el cuello mientras yo me reía, jugando con el cordón que llevaba puesto alrededor del cuello... y cuando bajó hasta mi vientre, dándome pequeños mordisquitos en la piel, pensé que moriría.
Cerré los ojos y suspiré.
Cuando los volví a abrir, estaba sus ojos estaban a la altura de los míos. Le sonreí.
-Hola-saludé, perezosa. Se inclinó a besarme.
-Voy a probar algo-anunció. Asentí, y él dejó escapar una risa al ni siquiera preguntarle de qué se trataba ese algo.
Me recorrió con la yema de los dedos lentamente, dejando que las corrientes eléctricas se apoderaran de mí, como hacían cada vez que él me tocaba. Su boca fue bajando lentamente, desde mis labios a mi cuello, pasando por mi pecho, mi vientre, mis muslos...
-Si quieres, paro.
No le dije que parara.
Y él no lo hizo.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Mi suegra me zorrea. Descaradamente.

Mientras Noe hacía pucheros para conseguir lo que quería, miré en derredor. Alba y Liam, como siempre, besándose y prometiéndose que se llamarían todos los días, a todas horas.
Hasta que Zayn se acercaba y chillaba ¡PARTY TIME!, era entonces cuando los dos comenzaban a besarse y a empujar a Zayn para que les dejara un poco de intimidad.
La típica intimidad que se puede conseguir en un aeropuerto abarrotado cada vez más de fans, fans que saben que vas a ir allí a despedir a tus amigas y tu novia hasta el viernes siguiente. Y allí volverían a estar las fans.
Gracias a Dios que la seguridad del aeropuerto no permitía entrar a todas, y las que conseguían colarse eran un grupo reducido que no solían dar problemas. Aunque, al final, siempre terminábamos saludándolas y dándoles todos los autógrafos que podíamos.
Niall hablaba con unas chicas, se echaba a reír, asentía con la cabeza y negaba a una velocidad infernal.
Eri y Louis, fieles a sus costumbres en público, charlaban animadamente el uno con el otro. Eri hacía sobresalir ligeramente su labio inferior, Louis se reía, le acariciaba la mandíbula y le susurraba que era tonta, boba o algún sinónimo de esa palabra. A veces se inclinaba hacia ella y le daba un rápido beso en los labios, ella sonreía y se sonrojaba cuando veía que tenían un público que esperaba más que un piquito.
Estaba seguro de que si acabaran haciéndolo delante de ellas, las Directioners, en vez de abuchear a Eri, la animarían a que le enseñara a Louis lo que valía un peine.
Y, las manos de Louis, como siempre, estaban en la cintura de ella. La camiseta de la chica se subió un poco, lo justo para descubrir su vientre plano... y una pequeña mancha en la cadera. Ella rápidamente se bajó la camiseta y le sonrió a su novio.
Noemí me había dicho algo.
-¿Qué? ¿Qué?
Pasó sus brazos por mi cintura y me abrazó. Le palmeé la cabeza, pues en esa posición me era bastante difícil besarla.
-Ven a España-suplicó. Me miró con ojos centelleantes, rompiéndome el corazón-. Ven a mi casa.
-Pero esta semana tenemos libre, y vamos a ir cada uno a su ciudad a...
Noemí volvió a la carga con los pucheros.
-¡Por favor, Harry! ¡Liam ya ha ido!
-Pero esta semana ya había quedado con mi madre...-me excusé. Ella negó con la cabeza.
-Está bien.
Se apartó de mí y fue a reunirse con Niall y Zayn, que ahora discutían acaloradamente sobre los equipos de fútbol que habían ganado los mundiales. Zayn nos defendía, pero Niall atacaba a Inglaterra y gritaba que muchos de los goles de nuestro país los había metido el suyo.
Recordé lo que había visto esa mañana en mi habitación, cómo había entrado Noe, la cogí de la muñeca y la obligué a mirarme.
-Vale-asentí rápidamente, temiendo cambiar de opinión. Su rostro se iluminó en una anchísima sonrisa.
-¡Bien!-miró a los chicos con desconfianza, y añadió, en voz muy baja-. Si no quieres, no se lo digas... por si se ponen celosos.
Sonreí.
-Son mis hermanos. No nos mentimos. Les diré lo que hay y ellos lo entenderán.
Noemí alzó una ceja y puso mala cara.
-Tenéis que mentiros.
-¿Mientes tú a Alba y Eri?
Ella asintió, mirándome como si fuera natural.
-Pues claro. Ellas me mienten, yo les miento, todas contentas. Todo el mundo lo hace.
Suspiré y observé a la pequeña de las tres.
-Deberíais miraros eso...
Ella se encogió de hombros y se reunió brincando con las demás cuando anunciaron su vuelo.
Una de las fans le gritó a Eri que si iba a abandonar a Louis a medias, ella se echó a reír, se volvió, corrió hacia él y le plantó un beso en los labios de esos de película. Todos los que conocíamos a Louis nos echamos a reír cuando miró cómo su novia se alejaba con gesto embobado, todavía con la cabeza inclinada hacia abajo y los labios un poco separados. Le arrastramos fuera y lo metimos en el coche, aún aturdido.
Sacudió la cabeza y sonrió.
-¿Habéis visto lo que me ha hecho?-espetó, sonriente. Asentimos con la cabeza, divertidos. Silbó-. Joder.
-¿Qué llevaba Eri pintado en la cadera?-preguntó Niall, soñador. Todos nos giramos a mirar a Louis.
Casi nos mato. No debería haber apartado la vista de la carretera.
Louis sonrió, e incluso juraría que se había sonrojado un poco.
-Una L.
Todos empezamos a chillar y a silbar mientras Louis se hundía más y más en su asiento, intentando fundirse con él y desaparecer.
-Una L, ¿cómo?-preguntó Liam, divertido. Louis cogió el teléfono y buscó una foto.
-¡¿TIENES FOTOS DE ELLA EN BOLAS?!-gritó Zayn, incrédulo. Louis lo miró como si estuviera mal de la cabeza.
-NO.-espetó. Zayn asintió.
Lou le pasó el teléfono al irlandés, que se lo pasó al musulmán, que le enseñó la pantalla a Liam UnsoloRiñón Payne y, por último, me la mostró a mí.
Una L como las que hacía ella, con principio detrás de lo vertical, una curva en la parte superior y otra en la inferior. Una L de las clásicas, de las que solo se veían en libros antiguos.
Ni siquiera Louis las hacía así.
-¿Por qué se la pintó?-preguntó Zayn, sonriendo y dándole un codazo.
-Porque eres... ¿cómo dijo? ... Ah. Lustrosísimo. Sí, porque eres muy lustroso, Zayn.
-¿Qué coño significa eso?
-¿Yo qué sé?
-¿Por qué se la ha pintado?
-Se la pinté yo-gruñó él. Nos echamos a reír.
-¿Y por qué, si puede saberse?-inquirí yo. Louis me miró y yo le sostuve la mirada.
-Te creía mi amigo, Harry.
-Soy como una veleta. Cambio mucho de bando. ¿Por qué?
Louis suspiró.
-Me dijo: ¡Eh, Lou! ¡Píntame algo! Y yo el contesté: ¿Cómo qué? Y ella: Lo que quieras. Una L. Una L mola.
-¿Con qué?
-Permanente.
-¿Por qué?
Se encogió de hombros.
-Mujeres. ¿Quién las entiende?
-Tienes cuatro hermanas.
-Y no entiendo a ninguna-soltó, y empezó a reírse.
-¿Ella te pintó algo?
Asintió con la cabeza, tiró del cuello de su camiseta y mostró una pequeña E (tal cual las hacía Lou, no un tres invertido como Eri) en el hombro. Todos sonreímos.
-Oh, qué bonito. Marcas de agua-se cachondeó Niall. Louis le dio un puñetazo.
-Cierra esa boca.
Continuamos el trayecto a casa jodiendo a Louis, como tenía que ser.

No me apetecía una mierda seguir buscando, total, Alba no movía un dedo para conseguir solucionar su problema, así que, ¿por qué debía hacerlo yo?
Me dirigía a la habitación de Louis a decirle que me largaba a dar una vuelta y preguntarle si quería venir al piso a echar unas partidas a la Play 3 cuando, sin querer, miré dentro de la habitación de Eri de la que pasaba.
En el momento exacto en que Eri se quitaba la camiseta y se echaba a reír.
Louis se incorporó, tumbado debajo de ella, para poder besarla.
En realidad, podría haberme sentado al lado de la cama con una bolsa de palomitas a contemplar el espectáculo sin que ellos se enteraran, pero era su momento.
Yo también había tenido intimidad con Noe, y debía devolvérsela a los demás.
Así que di media vuelva y decidí volver a mi habitación, coger el teléfono y llamar a alguien (al que fuera) para quedar.
Lógicamente, mientras caminaba iba pensando en lo que acababa de ver.
Yo me las tiraría a todas... simplemente por curiosidad. Debía reconocer que Alba no provocaba tanto como Eri (Eri era un poco fulanilla para eso, hasta Louis y ella lo decían), pero aun así, sentía curiosidad por Alba. Porque Liam decía que siempre lo dejaba boquiabierto con la pasión que demostraba en la cama... a pesar de que Alba tenía una cara de sueño que no podía con ella.
Eri era un caso aparte. Eri parecía pedir a gritos que te acostaras con ella. Se paseaba por casa sin pantalón, porque, según ella, si yo podía ir por ahí en gayumbos ella tenía derecho a corretear por la casa con una camiseta.
Si la camiseta fuera o suya o de Louis, no pasaría nada. El problema era que siempre estaba cogiendo la primera camiseta que pillara, fuera de quien fuera.
-¿Es tuya, Niall/Louis/Liam/Zayn/Harry? ¿Me la dejas?
Siempre le decías que sí. ¿Cómo decirle que no a la niña de la casa?
Y se la ponía.
Y el cabrón de Calvin Klein tenía razón con lo de que no había mujer más sexy que la que llevaba la camiseta de su novio. O de su amigo.
Nunca ninguno se atrevería a decir en voz alta que lo que había hecho Eri le había sentado de miedo. Donde antes tenías a una chica normal, ahora tenías un bombón de relojería... y latina. ¡Latina, joder! Las latinas estaban todas buenas. Y ella era la prueba de que, por mucho que se escondieran detrás de capas y capas de grasa, las cosas eran así.
Un día, Zayn había dejado caer que Eri era como el Louis de las tres españolas. Todos nos lo quedamos mirando. Louis alzó una ceja.
-¿Por qué?
-¿Has visto el culo que tiene?-replicó Zayn, echándose a reír.
Si estuviera hablando de Noemí, yo le habría roto la cara.
Pero a Louis parecía enorgullecerle que miráramos a su chica... como si le gustara que envidiáramos lo que él tenía.
Por que él estaba orgulloso de poder llamar a la mediana que había tenido acento californiano su novia.
Y sí. Eri tenía buen culo. Buenas piernas (aunque las de Noe serían mejores si mi pequeña fuera mayor, las tenía más bonitas)... y buenas tetas. Algo fundamental en una mujer.
Y mi Noe no podía competir con ella.
A veces te parabas a pensar, y Eri no tenía mucha más que Alba, sino más, y punto. Pero Eri sabía sacarle partido a lo que la naturaleza le había dado, y Alba no. Nunca había visto a Alba con escotes. Ni siquiera cuando se ponía un vestido resaltaba sus atributos femeninos, y Eri sí.
Una vez le había preguntado a Zayn si se sentía... atraído por alguna de ellas. Zayn me había mirado con los ojos entrecerrados y una ceja alzada, y yo se lo había terminado contando todo.
Por ejemplo, aquella vez que, sin saber nadie cómo, Eri y Louis se habían mirado un momento, habían sonreído y habían comenzado a enrollarse como nunca lo habían hecho delante de nosotros. Ella se sentó a horcajadas sobre él y fundieron sus bocas.
Y mi imaginación de mujeriego comenzó a trabajar por sí misma.
Terminaban desnudándose, haciéndolo, luego ella nos miraba a los demás y hacía lo mismo con nosotros, todos la probábamos y ella nos probaba (incluso Niall, algo que era bastante improbable), en una espiral de sexo, sexo y más sexo...
Zayn se me quedó mirando a la luz de una farola, y yo detuve mi carrera por llegar a casa. Pensé que iba a decirme que no estaba bien de la cabeza, que estaba enfermo, que era la novia de un amigo y las novias de los amigos no se tocaban... y sin embargo, me dio la razón.
-Yo no tengo la culpa de que Eri esté buena, ¿eh? Si ella quiere provocarnos, lo consigue. Y lo hace bien. No me he montado una película como la tuya, pero digamos que sí que le tengo ganas en ese sentido. Y porque todos sabemos que está... sin estrenar, ya sabes-me había dado un codazo y yo me había echado a reír. Acabamos metiéndonos en un bar, ligándonos a unas chicas y llevándolas a casa.
No, no les pusimos la cara de Eri.  Pero cuando nos tocó acompañarlas hasta casa y prometerles que las llamaríamos, Zayn y yo nos miramos un momento.
-Louis no tendrá que hacer esto con ella cuando se la tire.
-No, la verdad es que no.
Era la ventaja de tener la tentación en casa.
Me encogí de hombros; las cosas eran así. Louis, Liam y Niall estaban hechos para una relación más estable, necesitaban querer a la chica con la que se acostaran, y a nosotros con sentir atracción nos bastaba.
Cavilando sobre esto último, entré en mi habitación, me tumbé en la cama y saqué el teléfono. Aún continuaba mirando las menciones de Twitter cuando Noemí se deslizó suavemente dentro de la habitación, cerrando la puerta detrás de ella.
Envuelta en una toalla.
Y, como diría Eri, mis instintos de depredador se despertaron en ese instante, recordándome que tenía hambre.
Mucha hambre.
-Hola-susurró ella, acercándose hacia mí. Moví la cabeza verticalmente sin dejar de mirarla, deseando ver a través de esa cortina de algodón, tenerla entre mis brazos, hacerla mía...
Cumplió mis deseos y dejó caer la toalla al suelo. Me quedé observando su cuerpo casi desnudo, cubierto tan solo por su bikini, y suspiré.
-¿Qué...?
-Un tampón.
-Ah.
Temas de mujeres. Candado en la puerta: colocado.
-Pues vivan los tampones-musité, sin dejar de recorrerla con la mirada. Sonrió, se echó en la cama conmigo y se acurrucó contra mí.
Me besó en los labios.
-He estado pensando en lo que está pasando...
-Bienvenida al club, entonces.
Se echó a reír, me acarició el torso y negó con la cabeza.
-No en lo de Alba. Bueno, eso también. En lo de que Liam haya ido a España. ¿Me entiendes?
-Hablamos el mismo idioma.
Me respondió en español, fruncí el ceño, y se echó a reír.
-¿Sabes qué he dicho?
-¿Tú qué crees?
-He dicho que en realidad no era así.
Me encogí de hombros.
-¿Importa mucho?
-Harry.
-¡Vale!-repliqué, alzando los brazos. Dejé caer uno alrededor de sus hombros, y ella suspiró, mirando la puerta cerrada.
Esperé a que continuara con su monólogo particular, pero, cuando vi que no parecía interesada en continuar, volví a centrarme en la pantalla de mi teléfono; por supuesto, siempre acariciándola. Estuvo pensando un rato en sus cosas, deleitándose con nuestro contacto, hasta que por fin decidió continuar:
-Mañana ya no debería tener la regla...
Me miró con ojos chispeantes, suplicando que yo continuara con su debate interno. Alcé una ceja.
-Ah.
Iba a decir qué guay cuando me di cuenta de lo que me proponía.
Liam.
Mañana.
Mi comprensión se reflejó en mi rostro, porque arqueó la espalda y siguió taladrándome con aquellos pozos color avellana que a mí tanto me gustaban. Sus labios, aquellos labios a los que podría besar todo el día si ella me dejara (¿otra vez copiando canciones, Harold? Se cachondeó Eri dentro de mí ¿Qué pasa? Como Bruno Mars no está aquí para reñirnos, le plagiamos, ¿no?), se curvaron en una sonrisa seductora.
-¿Vendrías?
¿Hola? ¿Yo, diciendo no a una buena sesión de sexo? ¿ESTÁS MAL DE LA CABEZA? quise gritarle, pero caí en la cuenta justo a tiempo de que aquella no sería la respuesta idónea. Ella más bien esperaba algo como Te seguiría hasta el fin del mundo, o Claro, pequeña, hago la maleta y cojo el avión con vosotras, ¿guay, eh?
Mi lengua me tomó la delantera, recordando a la mujer a la que yo más quería en este mundo.
-Tenemos la semana libre y voy a ir a Chesire.
Si estuviera solo, o incluso si no hubiera tenido uno de mis brazos alrededor de sus hombros, me habría tapado la boca rápidamente, como aquella condenada vez que me salió risa de conejo en un acto público y los chicos comenzaron a cachondearse como si no hubiera mañana.
Pero mamá... La echaba de menos. Necesitaba verla. Y sabía que ella sentía lo mismo; hacía mucho tiempo que no la visitaba y pasaba tiempo con ella, apenas hablábamos por teléfono (entre que yo era más de mensajes y que ella olvidaba cargar su móvil cada dos por tres apenas teníamos contacto), y, para colmo, mi hermana también iba a ir a Chesire. No podía dejarlas tiradas de esa manera.
Sin embargo, Noe revolvía mis entrañas, luchando por esas sensaciones, recordándome que tenía que reorganizar mis prioridades y ponerla a ella la primera...
Y rompiéndome el corazón cuando le di esa respuesta.
-Pero, Harry...
-¿Puedo pensarlo?-repliqué rápidamente. Ella asintió, herida, se levantó de la cama y cruzó la habitación.
-Noe.
-¿Qué?
-Te quiero.
Miró al suelo, asintió, se envolvió en la toalla y desapareció por el pasillo.
Me senté en la cama con la cabeza inclinada hacia los brazos, los codos en las rodillas, y estudié la moqueta.
Levanté la cabeza y miré al Harry Styles del espejo.
-Estás perdiendo facultades, macho-le solté.
Y ambos nos echamos a reír.

Louis bajó a la cocina con el pelo alborotado, se inclinó a coger una cerveza de la nevera, y estaba ya marchándose otra vez a la habitación cuando me miró y se detuvo en seco.
Alcé la vista y me crucé con sus ojos azul grisáceo.
Si fuera cualquier otro amigo, habría mirado en dirección a las escaleras, decidiendo qué hacer: si volver con su novia y fingir que no me había visto, o despacharme rápidamente para volver con su chica.
Pero era uno de mis cuatro mejores amigos, era mi mejor amigo.
Se sentó a mi lado y empujó la cerveza hacia mí en un gesto muy natural.
-¿Mujeres?
Asentí.
-¿Reunión de Swagmastas?-inquirió, sonriendo. Me obligué a dedicarle una pequeña sonrisa cuando utilizó esa palabra; la usábamos muy de vez en cuando cuando hablábamos de trucos de ligar, entonces él pasaba de ser el único Swagmasta del grupo a ser uno de cinco.
Negué con la cabeza y abrí la botella de cerveza.
-No sé si quiero hablar de ello.
-En realidad quieres, ricitos de chocolate.
Tuve que echarme a reír.
Me lo pidió mi corazón.
Louis apoyó su rostro en una mano y se me quedó mirando con expresión de enamorado.
-¡Qué bello eres, joder!
-Eso es de Eri-repliqué entre risas. Asintió.
-¿Mejor?
-Un poco.
-Cuéntale al Tommo, pues.
-Noemí.
-Mujeres-convino él, asintiendo con la  cabeza, los ojos cerrados como si fuera un científico al que validan una teoría.
-Quiere que... vaya... a España-murmuré, y supe que había tardado casi medio minuto en formular esa frase porque hasta para mí había sido demasiado lenta. Louis asintió.
-¿Y tú no quieres?
-No sé si quiero ir esta semana, Lou. Quiero decir... iba a ir a Chesire, y...
Negué con la cabeza y él me pasó una mano por la espalda.
-Pues dile que quieres ir a Chesire.
-No sabes cómo es.
-También es mi amiga. Creo que sí.
-No es como Eri. O Alba. A una de ellas les dices que vas a tu ciudad, y te contestan: Vale, nos vemos el fin de semana que viene, entonces. Noemí te lo recordará hasta el día en que te mueras.
Se encogió de hombros.
-¿Y por qué no le sugieres que se quede y la llevas a Chesire, se la presentas a Anne y a Gemma, y listo.
-Tienen instituto-repliqué automáticamente. Chasqueó la lengua, asintió y le dio un trago a la cerveza.
-Puede saltárselo.
-Paso. De. Aguantar. A. Noemí-espeté, mirándolo como si estuviera mal de la cabeza. Se echó a reír, incrédulo.
-Encima de que la dejas sin instituto, ¿todavía te va a montar un pollo?
-Mi suegra se lo monta-susurré-, y entonces ella me lo monta a mí.
Louis asintió.
-Pues dile: Noemí, mi amor, no me da la puta gana ir a España. Ya tengo planes. Mi madre está primero. Ponte a la jodida cola, ¿quieres?
Cerré los ojos.
-Y me deja sin sexo un mes.
-¿Qué? ¿Tengo que recordarte quién eres? ¡Eres Harry Styles, joder!-ladró, levantándose de la mesa y dando un puñetazo en ella-. ¡Chasqueas los dedos y tienes cinco tías delante de ti preparadas para que te las tires! ¿Y te preocupas porque no te puedas tirar a una en particular?
-Eso también se aplica a ti-gruñí. Se quedó allí plantado, mirándome.
-Pero...
-¿Tú lo harías?
Frunció el ceño.
-¿El qué?
-Tirarte a una fan si te cabreas con Eri.
Parpadeó un par de veces.
-No.
-Pues eso.
-¿Qué?
-No voy a ponerle los cuernos a Noemí. Ya lo hice una vez. Y nos costó una actuación, ¿te acuerdas?
Ni se inmutó, pero casi pude oír sus pensamientos, ¡claro que me acuerdo, estúpido!
Dimos un trago de la cerveza y nos quedamos mirándonos.
-¿Qué tal el polvo, Swagmasta?
Me miró con ojos como platos.
-¿Se nos oye?
-Se os oye por toda la casa.
Cerró los ojos, se los frotó y me miró, suplicante.
-No se lo digas, ¿vale? Que entonces me quedo sin marcha.
Sonreí.
-Guay. Ahora se lo cuento.
Me incorporé y fingí ir hacia su habitación. Me cogió de la muñeca cuando pasé a su lado y se me quedó mirando.
-Si le dices algo a Eri te vas a acordar de mí el resto de tu vida-replicó, con semblante serio. Luego nos echamos a reír.
-¿Es buena?
-Ya lo sabéis.
-Es verdad-asentí, sonriente.
Se pasó una mano por el pelo y me miró.
-¿Se nos oye mucho de verdad?
Me encogí de hombros.
-Sí... un poco.
Asintió, me invitó a volver a sentarme y me pasó la cerveza. Me miró un rato, hasta que por fin se lanzó a preguntar.
-¿Quieres ir a España?
-No lo sé.
-¿Quieres ir?
-No lo sé, Louis.
-¿Quieres o no?
-SÍ. SÍ QUIERO. PERO TAMBIÉN QUIERO VER A MI MADRE.
Se encogió de hombros, se levantó de la mesa y se encaminó a la puerta. Ya estaba bajo el marco cuando se giró para mirarme.
-Entonces, tendrás que elegir entre la que te dio la vida y la que te hace vivir.
-Noe no me hace...-comencé a protestar.
-Entonces, la decisión es fácil.
Subió las escaleras lentamente, sin dejar de mirarme.
-¿Tú qué harías?-le grité. Se detuvo, bajó un par de escalones y se agachó para contemplar mi rostro.
-¿Qué te parece que haría yo, Hazza?-sonrió.
-Ir a Doncaster y llevar a Eri si pudieras...
-Hablar con Eri y decirle que ya tengo planes pero que puede apuntarse, y...-me animó, asintiendo con la cabeza.
-Son diferentes.
-Pregúntale a Liam. Pero seguro que haría lo mismo con Alba.
Asentí con la cabeza, me quedé un par de minutos sentado, cavilando. Cuando alcé la cabeza, él seguía allí, con una sonrisa en los labios.
-¿Qué?
-Estás perdiendo facultades, macho.
Se incorporó y terminó su ascenso.
-Si tú supieras, tío-repliqué. Oí su risa pasear sobre mi cabeza de un lado a otro mientras recorría el pasillo.

-Me voy a España-les anuncié. Louis sonrió al suelo, y los demás asintieron.
-¿Cuándo?
-Mañana, supongo-respondí a Liam, encogiéndome de hombros y sacando el móvil-. Aún no lo sé.
-¿Cuánto tiempo?
-Tampoco lo sé.
-¿No ibas a ver a tu madre?-atacó Louis con una sonrisa divertida. Alcé una ceja.
-¿De qué te ríes?
-De que sabía exactamente que terminarías haciendo lo que estás haciendo ahora.
-¿Qué estoy haciendo ahora?-espeté a la defensiva. Zayn suspiró.
-Chicos...
-Dejar que ella sea la que decida, y luego vas de mártir cuando te torea. Reconócelo, Harry.
Liam asintió imperceptiblemente, me volví a mirarlo. Niall se revolvió incómodo en el asiento.
-¿Qué?-les solté. Louis alzó las manos.
-Eh, tío. Voy de buenas, ¿sabes? Solo te lo digo. Simplemente tienes que decirle "no" a veces.
-A Eri nunca le decimos que no.
-Porque Eri no nos pide nada-replicó Niall. Me encogí de hombros.
-No queréis que vaya.
-¡No!-gritaron todos a la vez.
-Está bien, pues no voy.
-No te estamos diciendo que no vayas, Hazza...-Louis sacudió la cabeza y suspiró.
-Simplemente te decimos que hay cosas en las que no conviene ceder demasiado, o será ella la que mande-argumentó Liam.
-Tienes 18 años, chaval. Elige tú lo que quieras hacer.
-Quiero ir a España.
-Pues vete-replicó Louis, asintiendo con la cabeza.
-Pero quiero ver a mi madre.
-Adminístrate el tiempo-murmuró Niall. Todos lo miramos-. Yo estaré en Mullingar unos días, pero también quiero ver a mi abuela en su pueblo. Para... buscar-se sonrojó, se encogió de hombros y comenzó a jugar con su móvil-. Ya sabéis.
Como si Louis hubiera dicho algo, todos lo miramos.
-¿Lou?
-Yo también buscaré. Y Eri. Si puede, traerá libros de su madre. Pero tendrá que leerlos o ella, o Niall. Yo no puedo hacer nada, de momento. Simplemente mirar los que tiene mi madre en casa y quedar con Savannah.
-¿Está buena?-sonrió Zayn, dándole un codazo-. Podrías presentármela.
Louis se echó a reír.
-Está estudiando medicina.
-Oh, enfermeras. Me encantan-sonrió él, y nuestras carcajadas llenaron la casa.
-¿Eri sabe que vas a quedar con otra?-le pinché. Louis me sacó la lengua.
-Es mi prima, imbéciles.
-Sigue siendo una chica.
-¿Cuántos años tiene?-quiso saber Niall, inclinándose hacia el mayor de todos. Louis frunció el ceño.
-¿Medidas?
-¿Tiene novio?
-¿Se deja hacer guarradas?
-¿Y YO QUÉ SÉ? ¡DEJADME!-bramó él, levantándose y echando a correr a la piscina. Todos lo perseguimos, Niall lo alcanzó y le cortó la retirada mientras Liam y yo lo cogíamos. Zayn empezó a arrastrarnos a todos hacia la piscina.
-¡NO! ¡NO, MALDITA SEA, NO! ¡CON ESTA CAMISA NO!-gritó Louis, pataleando como un niño pequeño.
Lo alzamos sobre nuestras cabezas y lo tiramos en lo más profundo.
-¡HIJOS DE PUTA! ¡OS ODIO! ¡CABRONES! ¡CABRONES TODOS!-gritó mientras nos salpicaba, furioso.
Terminamos riéndonos, como siempre.

La puerta de la calle se abrió y un par de pies entraron procurando hacer el menor ruido. Me rasqué la barriga y me puse a gritarle a Snooki que le rompiera la cara a JWoww.
-Dale a esa zorra, dale, ¡dale!-chillé. Noemí asomó la cabeza.
-Hola, mi amor.
-Hola, pequeña.
Dejó caer la mochila a un lado y corrió a besarme.
-¿Qué tal el día?-pregunté. Se encogió de hombros.
-Bien. Eri y Alba te mandan recuerdos.
-¿En serio?-fruncí el ceño.
Y Snooki le dio un tortazo a JWoww. Jódete, zorra.
-No.
Se quedó sentada sobre mis piernas un momento, estudiando la pelea de gatas de la tele y terminó taladrándome con la mirada.
-Tus padres han salido.
-Lo sé. Trabajo los dos.
Se echó sobre mí y comenzó a besarme el cuello.
-Lo que significa que tenemos la casa para nosotros solos-sonreí cuando su lengua llegó hasta mis labios y pasó entre ellos, buscando la mía. Cerré los ojos y me dejé llevar.
-Oh, sí-replicó ella, y nos echamos a reír ante su pobre imitación de mi voz.
No sé cómo hizo para descalzarse, pero, de repente, estaba acariciando con los dedos de sus pies mis pantalones. Gimió.
-Harry...
-Mmm.
-Quiero sexo.
-Yo comer-repliqué. Ella se apartó y se me quedó mirando, herida. Asintió lentamente con la cabeza y se trató de levantarse, pero se lo impedí.
-Eh, ¿dónde vas? He dicho que quiero comer-me miró sin comprender-. Pero no he dicho el qué-le guiñé un ojo y ella al principio se sonrojó, luego se echó a reír y se sentó sobre mí.
Creo que era la primera vez que lo hacíamos en un sofá. Sus manos se deslizaron suavemente por mi cuerpo, deseando fundirse conmigo, mientras yo no paraba de darle vueltas a cómo me había capturado. Ella, que era justo todo lo contrario de lo que a mí me gustaba (con la excepción de su pelo y su nacionalidad, claro, pero lo del acento no se aplicaba a ella, pues hablaba igual que yo, o eso decían los demás), pequeña, sin demasiadas  curvas... y sin embargo hacía lo que a ella se le antojaba.
Recordé lo que le había dicho a mi reflejo, lo que me había dicho Louis subiendo las escaleras, lo que me dijeron los chicos cuando nos despedimos en el aeropuerto.
Estás perdiendo facultades, macho.
Aunque debía reconocer, en su defensa, que se movía y que la sentía como había sentido a pocas en mi vida.
Ninguno de nosotros lo había expresado en voz alta, pero era una de las ventajas que tenían las españolas: las tres eran vírgenes cuando las conocimos, y a las tres las estrenamos nosotros. Eso creaba un vínculo emocional que no se rompería nunca, las acompañaría hasta que murieran.
Louis lo había leído en un tweet y nos había mirado a Liam y a mí. Giró el ordenador y dio unos suaves toquecitos en la pantalla.
-Son nuestras-murmuró Liam.
Louis asintió.
-Para siempre.
-Suena bien-convine yo.
Liam y Louis sonrieron.
-Tiene que ser mentira-replicó Liam, haciendo gala de su lógica irrefutable. Y Louis asumió el papel del soñador; dado que no estaba Niall, le tocaba a él.
-¿Y si es verdad? ¿Os lo imagináis? Pase lo que pase, nunca dejarán de querernos.
Les sonreí tímidamente, acababa de tener una pelea con mi chica.
-¿Aunque a veces no lo demuestren?
-Sobre todo cuando no lo hacen.
No sabía si era solo en su primera vez o si era en todas y cada una de las veces que te acostabas  con una tía, pero sí que era cierto que ella tenía un vínculo contigo.
Noemí me mangoneaba porque yo me dejaba mangonear. Si a mí un diera me diera la gana de llevarla a cualquier sitio (Inglaterra no servía en eso, pues ella iría aunque no la maniataras), ella me seguiría. Lo sabía.
Y me lo demostraba cada vez que nos acostábamos.

Se giró en la cama y dejó al descubierto su torso desnudo. Hacía calor, sí, pero no el suficiente como para estar durmiendo solo con la sábana como Dios nos había traído al mundo, así que me incorporé y tiré de la manta para taparla. Ella murmuró algo, no sé si en español, inglés o alguna otra lengua, se giró y me dio la espalda.
Sentí deseos de recorrer con la yema de los dedos aquellos costados, pero me detuve, temiendo despertarla. Ella tenía instituto.
Yo podía dormir hasta que ella volviera a casa.
Justo cuando estaba a punto de batir mi propio récord jugando a Angry Birds, me llegó un mensaje de Louis.
-No puedo dormir, fulana de barrio.
-Pues pégate un tiro, perra del averno.
Una carita triste.
Ya no me quieres.
Nunca te he querido. Te he utilizado. Yo solo quería  sexo. ¡JAJAJAJAJA! ¡SOY MALÍSIMO!
¡Mala persona! ¡No quiero vivir! ¡Me voy a sucidar!
Suicídate.
Estoy preparando la cuerda. ¿Cómo se hace el nudo este del ahorcado?
Míralo en Internet.
Qué majo eres, tío.
Menos hablar y más suicidarse.
Me estoy suicidando.
Ok.
Me suicido.
Vale.
Me he suicidado.
Ams, ok. Interesante.
Diez minutos después:
Hace diez minutos que me he suicidado. Espero que hoy no puedas dormir por el peso de la conciencia.
Nah, creo que dormiré bien.
... Tu indiferencia se clava en mi corazón cual puñal en el pecho de Julio César.
¡JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA LOOOOOOOOOOOOL! ¿De dónde has sacado eso?
De los libros que he estado leyendo. Estoy hasta el culo de leer, tío. ¿Qué tal todo por ahí?
No me quejo. Cuatro polvos. Un buen día.
No estás en tu mejor racha.
No, lo cierto es que no. ¿Estás conectado?
¿Cuándo no lo estoy? Y un guiño.
Voy a Skype.
Vale.
Espérame, eh.
Claro, mi amor. Yo te esperaré, nos sentaremos guntos frente al mar...
¿No es con J?
No, eso es je y ji.
Como sepa Eri que me estás cantando reggaeton te mata.
La culpa es de Niall. Que no ponga la radio a todo volumen, joder. Yo no tengo la culpa de que pongan porquería a todas horas.
Eres un santo.
Lo sé. Me están haciendo una estatua para meterme en la Catedral de Canterbury.
LMFAO.
Me arrastré fuera de la cama, intentando que Noemí no notara mi ausencia, encendí el ordenador y, mientras se iniciaba, me puse unos bóxers y encendí una luz. Rebusqué en mi bolsa unos cascos para que no le molestara el ruido que pudiéramos hacer y me la quedé mirando mientras me conectaba a Internet.
Rápidamente Louis me mandó una petición de videollamada.
Meneé las cejas y él se echó a reír cuando nos vimos. Se metió una gominola en la boca y pasó una página del libro que estaba leyendo. Golpeó varias veces con su lápiz la hoja, luego se lo llevó a la boca y se pasó una mano por el pelo.
-Me estoy pensando seriamente lo de pegarme un tiro, ¿sabes?-murmuró por fin, frunciendo el ceño.
-Supongo que eso no es muy interesante.
-Atención, chaval. Cultura en estado puro. La mutación genética puede deberse a varias causas-comenzó a leer-, bien se puede dar a causa de acción humana, artificializando los ácidos que componen el sistema del ácido Desoxirribonucleico, o bien por causas naturales, como, por ejemplo, la malformación de algunas células o partículas de la composición del ADN que tienden a mutar elevadas a potencias desmesuradas para el número de componentes que van a cumplimentar.
Se me quedó mirando y asintió con la cabeza, los ojos cerrados y una ligera sonrisa en los labios.
-Fascinante.
-¿Verdad que sí?
-Ahora en serio. ¿Qué mierda pone ahí?
-Buena pregunta.
Me eché a reír, y pronto él me imitó.
-No sé si el libro me está insultando o algo, pero por si acaso, lo quemaré cuando acabe de leerlo.
-Jay te mata.
Se encogió de hombros.
-Soy más rápido que mi madre.
-Eri te mata.
Se quedó pensativo un rato.
-Vale, Eri tiene más formas de joderme-comenzó a girar la mano con el pulgar y el índice sosteniendo un objeto invisible-, ¿lo pillas?
Me eché a reír.
Continuó pasando sus ojos por las páginas y suspiró.
-Voy a matar a Alba y Liam.
Fruncí el ceño.
-¿Por qué no paras un poco, tío? Que lo hagan ellos, joder. Estoy seguro de que están los dos durmiendo tan tranquilos, y tú ahí.
Levantó la vista.
-¿Crisis en la banda? ¿Tengo que romperte la cara?
-No. A ver, Dios me libre de criticar a Liam, pero... Joder, nunca pensé que te fuera a decir esto, pero relájate, BooBear.
Se metió otra gominola en la boca y se recostó hacia atrás en la silla, se estiró y bostezó.
-¿No podías dormir?
Negué con la cabeza.
-Y tú estudiando.
-Manda huevos, ¿eh? Nunca en mi vida estudié para mis exámenes, en plan de quedarme hasta las tantas, y por vosotros me quedo sin dormir varios días. Para que luego digáis que no os quiero.
-Oh, por favor. Eso es muy bonito-me eché a reír y él negó con la cabeza.
-Ya tengo los planes trazados, y todo. Mira, te cuento: me caso contigo.
-Larry Stylinson-volví a reírme, y él asintió.
-Me voy de Luna de miel con Niall, allí me acuesto con Liam, y cuando vuelva me enrollo con Zayn. Así tenéis todos cuernos.
Di dos palmadas y me giré rápidamente para comprobar que Noe seguía dormida. Tenía suerte; podías ponerte a tocar la batería con ella en la habitación, que no se despertaría.
Volvió a meterse una gominola en la boca y suspiró.
-¿Qué tal tu princesita?
-Durmiendo-me hice un lado para que la viera, y él sonrió.
-Qué mona.
-Todas son monas cuando duermen.
-Eri es el demonio estando despierta, pero cuando se duerme... parece la cosa más buena del mundo.
-Eri parece la cosa más buena del mundo.
-Pues es el demonio-sonrió él. Miró su teléfono-. ¿La llamo?
-Louis, tío, estará durmiendo, déjala.
Pero no me hizo caso, ya estaba tecleando en su teléfono, marcando el número de la mediana de las chicas.
-Pon el manos libres-le pedí. Alzó una ceja, divertido.
-Louis, tío, déjala, estará durmiendo-me imitó con voz adormilada. La verdad es que lo bordó.
Dio unos diez tonos antes de colgar.
-No me lo coge.
-Ya lo veo. Igual tiene el móvil sin sonido.
-El iPhone vibra y mete un ruido de la hostia.
-Ya lo sé. Tengo uno, ¿recuerdas?
-Mierda, es verdad.
-No estás muy lúcido.
-Esta última noche he dormido unas tres horas.
Abrí los ojos, incrédulo.
-¿Solo?
-Me acosté a las cinco, y a las 8 ya estaban mis hermanas tocando los cojones para ir al colegio. Y luego mi madre limpiando. Y mi padre preparándose para ir a trabajar.
-¿Qué hiciste?
-Abrí la puerta de mi habitación y grité: ¡No os preocupéis, he dormido de puta madre!
-¿Qué pasó?
-Mamá me dio una bofetada, me dijo que nada de palabras sucias en casa y me obligó a meter diez libras en el bote de las palabras sucias.
-No veo a Jay dándote una bofetada, la verdad.
-Pues da unos tortazos que...-sacudió la mano y asintió con la cabeza. Sonreí.
-Tal vez te lo merecieras.
-Es un poco triste que con 20 años mi madre me de una bofetada, por mucho que me lo merezca, ¿no crees?
-¿Estaban las gemelas en casa?
-No.
-¿Fizzy?
-No, solo Charlotte. Estuvo ayudándome con esto-levantó el libro y sonrió. Volvió a comerse una gominola.
Volvió a marcar el número de Eri y esperó a que ella lo cogiera. Esta vez, ella descolgó.
-¿Quée?-murmuró con voz adormilada, en español. Me dio pena simplemente oírla.
-Hola, rubita-saludó él, sonriendo.
Una pausa, seguramente traduciendo aquella frase a su propia lengua.
-¿Quién eres?
-¿Cuánta gente te llama rubita?
-Cinco personas-en su tono de voz se notaba que iba espabilando... y que se iba alejando de la posibilidad de volver a quedarse dormida en cuanto posara la cabeza en la almohada.
-Pues piensa de quién es el acento-replicó él.
Una nueva pausa; yo me pasé una mano por el pelo, echándomelo hacia atrás; él se mordisqueó el labio.
-Louis-empezó ella, él asintió y sonrió-, son las cinco de la mañana.
-Lo sé.
-¿Qué te pasa?
-Te echo de menos.
Otra pausa.
-Voy a colgar-anunció.
-Cuánto me quieres.
-Mucho, mi amor, pero tengo sueño. ¿Hablamos por la tarde?
-No. Quiero hablar con mi chica favorita del mundo.
-Qué bonito-replicó ella, bostezando.
-... pero como Natalie Portman no me coge el teléfono, pues te llamo a ti.
Me eché a reír, y él sonrió y me guiñó un ojo.
-¿Qué haces?
-Trabajar para la CIA y CSI, y hablar con Harold.
-Ah. ¿Me oye?
-Sí-dije yo-. Hola, niña.
-Hola, Harry.
-Louis es muy malo.
-Sí-asintió ella, volviendo a bostezar-. ¿Tú también estás en Doncaster?
-No, estoy...
Louis empezó a negar con la cabeza, a articular no con los labios y a hacerme señas.
-Estamos hablando por Skype.
-Ah.
-¿Qué tal las clases?
-Louis.
-¿Qué?
-Te quiero. ¿Vale? Te quiero muchísimo, pero... por favor. Tengo mucho sueño.
-Vale.
-¿Podemos hablar mañana, por favor?
-No.
-Pues vale.
-¿Vas a colgarme?-se cachondeó mi amigo. Eri suspiró.
-Por favor.
-Vale.
-¿Hablamos mañana?
-¿No puede ser por la tarde?
Eri se rió.
-Eres imposible.
-Ya me conoces.
-Esta tarde.
-¿Qué llevas puesto?-replicó Louis, bromeando. Ella decidió devolverle la broma.
-El pijama que tú me has regalado, no.
-Eres una borde.
-Tú un gilipollas sin corazón. Te quiero. Buenas noches.
-Buenas noches, nena.
-Buenas noches, Eri-me despedí.
-Buenas noches, Hazza. A ti también te quiero.
-¿Más que a mí?-preguntó Louis. Casi pude ver cómo sonreía su novia.
-No lo dudes.  Buenas noches.
-Que descanses.
-Vale.
-Te quiero-canturreó él.
-Y yo a ti.
Eri colgó y Louis bloqueó el teléfono.
-¿Cómo eres tan cabrón, tío? Pobre criatura.
-En el fondo le gusta-sonrió mi amigo-. Le mola que la llame, aunque sea a estas horas. Es como decirle: no puedo dejar de pensar en ti, te echo tanto de menos que no puedo ni dormir.
-Qué bonito.
-Lo sé.
-Creo que yo también voy a ir a acostarme, ya sabes...-hice un gesto con el pulgar en dirección a Noe-. Por si la jefa se despierta.
Louis se echó a reír.
-¡Oye!-espeté. Él se metió una gominola en la boca y me miró-. ¿Qué es eso del pijama que tú le regalaste?
Se encogió de hombros.
-Ninguno. Es su forma de decirme que no está en bolas.
-Ah, qué interesante.
Louis asintió.
-Supongo. ¿Te puedo pedir un favor?
-¿Tienes que preguntarlo?
Sonrió, estudió una de sus gominolas antes de metérsela en la boca y me miró.
-Quiero que vayas a verla y que me digas cómo está.
Fruncí el ceño.
-¿Por qué? Estará bien, Lou.
-No me ha sonado muy... ella. Ya sabes-se encogió de hombros.
-¿Se enfadará?
-Por favor, Harry-suplicó. Me enseñó una mora de gominola y la giró alrededor de la cámara-. ¿La quieres? Te la guardo. A cambio de que vayas a verla.
-Estaba medio dormida, Louis, no iba a sonar muy...
-La he notado diferente-replicó él, tercamente.
-Bueno, si te quedas más tranquilo... pero tratándola como a tus hermanas no llegaréis muy lejos.
-No la trato como a mis hermanas.
-Sí que lo haces.
-No, no lo hago.
-Tío, cuidas de ella como cuidas de tus hermanas.
Puso los ojos en blanco.
-Me preocupo por ella. Quiero que esté bien. Si eso es tratarla como a mis hermanas, entonces sí, la trato como a mis hermanas.
Me encogí de hombros.
-¿No crees que eres demasiado protector?
Me miró con los ojo entrecerrados.
-La última vez que fui poco protector dejó de comer, ¿recuerdas?
Asentí lentamente.
-Si no fuera por nosotros, estaría bajo tierra-musitó.
-Si no fuera por nosotros, estaría igual que siempre.
-Triste.
-Vale, vale. Me pasaré a verla.
Asintió.
-Gracias.
Volvió a comerse otra gominola.
-Vas a acabárselas a Daisy y Phoebe.
Se encogió de hombros.
-Mañana las llevo de paseo y nos vamos a un quiosco.
-Muy bien. Por cierto, si no vuelvo a casa, es que Noemí me ha asesinado.
Frunció el ceño.
-¿Por qué?
-Mi suegra me zorrea. Descaradamente.
-¿Qué?-replicó, riéndose.
-Sí, tío. Te lo juro. Se me pone por la mañana: Bueno Harry, me voy, si necesitas algo, dímelo.
-Oh, sí ya lo creo que te zorrea.
-Se abrió de piernas. Y me dijo: cualquier cosa. Y me guiñó un ojo.
Louis se atragantó con la última mora de gominola que se había metido en la boca.
-¡Tu suegra te zorrea! ¡Dios!
-Tendrá experiencia, como es mayor...
-¡HARRY! ¡ES MUY FEA!-bramó Louis, con ojos como platos. Me eché a reír.
-No me gusta. Noe debe de ser adoptada.
Miró su bolsa de gominolas.
-Me acabas de quitar el apetito-y las lanzó a un lado y negó con la cabeza.
-Le quitaría el apetito a cualquiera-repliqué. Miré a mi chica, me mordí el labio, y él susurró:
-Vete con ella. Estaré bien. Buenas noches.
-¿Seguro?
-Sí, voy a dormir.
-Vale. Buenas noches, BooBear.
-Buenas noches, Hazza.
-Buenas noches, cariño...
-No empecemos hoy, ¿eh, Hazza?
-Vale.
-Pues eso-vi cómo se armaba con el ratón, miraba hacia la parte superior de su pantalla y se me quedaba mirando después.
-¿Harry?
-¿Sí?
-¡Buenasnochesdiodelsexo!-bramó, y se desconectó.
-Me encanta cuando me dices eso-repliqué, riéndome. Apagué el ordenador y me metí en la cama con mi chica.

En cuanto recibí el mensaje de Louis (Ahora SÍ que tienes que ir a verla), me vestí a toda prisa, le dije a mi suegra (la que me zorreaba) y a mi novia (la que se acostaba conmigo) que vendría en una hora o así, y después de hacer caso omiso de su interrogatorio, cosa que se me daba bastante bien gracias a la experiencia con los paparazzi, me apresuré en dirección a casa de Eri.
Como hacía varios días que se había filtrado la canción (y, a pesar de todo, si se hubiera mantenido la fecha de estreno de Live While We're Young ya estaría sonando por todo el mundo), tomé todavía más precauciones de las que solía. Pertrechado detrás de mi gorro de lana, algo que era incluso previsible en mí, y unas gafas de sol no tan previsibles, redondeaba mi camuflaje con una sudadera enorme que Harry Styles nunca, nunca se pondría.
Era más del estilo de Liam cuando había entrado a la competición, así que si alguna fan me reconocía por el gorro, la sudadera le haría creer que yo no era yo.
Aun así, no fui precisamente despacio hasta la casa de Eri. Tuve suerte, pues según llegaba salía un vecino suyo. Me quité las gafas de sol, le sonreí, y el hombre en cuestión me dejó pasar dentro de su portal.
Subí despacio las escaleras.
Ahora sí que tienes que ir a verla.
¿Qué habría pasado?
Ahora sí que tienes que ir a verla.
Llamé a la puerta y esperé a que me abrieran, rezando porque no fuera su padre o su madre. Tenía pánico de que ella no estuviera en casa y no entenderme con sus padres, así que entonces me entraría el pánico y hablaría todavía más despacio de lo que solía hablar, me darían con la puerta ne las narices, Louis me mataría por no cumplir mi misión, lenta y dolorosamente...
La puerta se abrió y Eri asomó medio cuerpo por fuera. Inclinó la cabeza y me observó bajo la luz que se filtraba perezosamente por las pequeñas ventanas de las escaleras de su edificio.
Tenía el pelo alborotado, vestía unos pantalones cortos que apenas asomaban por debajo de su camiseta, que le quedaba enorme.
Pero lo peor era su cara. Tenía la expresión rota, vacía, me miraba como no pudiendo creerse que realmente yo estuviera allí (seguramente ni se lo creía)... sus ojos estaban enrojecidos por las lágrimas que ahora se deslizaban silenciosamente por sus mejillas... por la mejilla enrojecida...
Se cruzó de brazos, tragó saliva y abrió un poco más la puerta.
-Tira para dentro-ordenó.
Obedecí. No era una cosa muy inteligente cabrearla cuando estaba tranquila; así que mucho menos cuando estaba alterada, cuando se veía que estaba alterada.
Pasó delante de mí hasta su habitación, empujó la puerta con un pie y esperó a que yo entrara. Apartó las cajas del suelo para que pudiera pasar, sentarme en la cama y observarla.
Se quedó de pie, mirándome, con la misma expresión que tendría si estuviera resolviendo un ejercicio de matemáticas.
Estuvo así un momento hasta que por fin se decidió a hablar.
-¿Por qué él no viene a verme?-murmuró con un hilo de voz.
Se echó a llorar, y la abracé.
-Pídeselo.
-Tiene que salir de él.
-Yo no estoy aquí por mí.
-Estás aquí porque te lo ha pedido.
-Estoy aquí por que me lo ha pedido Noemí.
Levantó la cabeza y se me quedó mirando. La besé en la frente.
-¿Estás así por eso?
Negó con la cabeza y se pegó hacia mí.
-Estoy así por vosotros.
Le dije que no lo entendía, y se encogió de hombros.
-No lo soporto. Pero tampoco puedo pedirle a Louis que venga, ¿sabes? Es egoísta. No está nunca con su familia, no puedo quedármelo yo para mí.
-Eso es lo que está haciendo Noe conmigo-repliqué-. Tampoco es tan malo.
Se quedó callada, en silencio, dejando que la acunara, y repitió su pregunta.
-¿Por qué él no viene a verme?
-No lo sé, pequeña. No lo sé.
-Le echo de menos.
-Lo sabemos.
-No quiero esto. No quiero mi casa. Quiero irme a Inglaterra. Inglaterra es mi casa.
Volví a besarla en la frente.
-Entonces vente cuando quieras.
Seguí abrazándola hasta que se tranquilizó.