jueves, 11 de enero de 2018

Terivision: El gran showman y Molly's game.

¡Hola, delicia! He decidido empezar bien el año rescatando una sección del blog que tengo abandonadísima. Hoy te traigo no una, sino dos reseñas, de las películas que he visto en el cine en este 2018 (por Dios, ojalá todos los años pintaran así de bien, cinematográficamente hablando).
               La primera de ellas es:

               ¡El Gran Showman, dirigida por Michael Gracey y protagonizada por mi querido, queridísimo, Hugh Jackman! Con fecha de estreno en 2017, cumple los requisitos para acudir a los Oscar, ¡crucemos los dedos!

domingo, 31 de diciembre de 2017

Besos.

Me pasé una eternidad eligiendo qué ponerme en el fondo del armario. Me palpitaba el corazón y el estómago realizaba unas danzas tribales muy raras a las que no me tenía acostumbrada. Sentía un nerviosismo ancestral que poco tenía que ver con el hecho de que el tiempo corriera sin que yo encontrara algo digno de ponerme en aquella ocasión.
               Incluso le pregunté a Shasha qué le parecía un peto vaquero blanco con unas medias de lunares de terciopelo negro y un jersey por debajo del peto, pero sólo conseguí que me mirara como si estuviera loca y se encogiera de hombros, sin tener ni idea de lo que quería que me dijera. Y se marchó de mi habitación.
               Todavía no estaba tan loca como para preguntarle a Scott qué me sugería y, después de ver cómo papá había hecho pasar vergüenza a Scott al enterarse de que había quedado con su novia, lo último que quería era preguntarle su opinión a mamá y que ella consiguiera que me sonrojara.
               Así que me quedé vestida como estaba; me puse un abrigo peludo de color crema, me colgué una pequeña mochila al hombro en la que metí el móvil, la cartera, las llaves y un poco de gloss con sabor a frutas (nunca estaba de más, o eso decían las revistas sobre famosos en los consultorios y los especiales que hacían explicándote tu primer beso y qué esperar de él) y troté escaleras abajo. Me gané un halagador “¡qué guapa!” y un cómplice “pásatelo bien, cariño” de mi madre cuando pasé a su lado y les di sendos besos en la mejilla.
               Scott levantó la vista dos segundos del móvil y exhaló un bufido a modo de despedida. Se había acabado el momento mimoso de por la mañana, ahora estaba mandándose emoticonos con sus amigos y leyendo noticias de asteroides en blogs con enlaces muy complicados que sólo le interesaban a él.
               Y todos aquellos nervios fueron para nada. Cuando llamé a la puerta de Amoke, hecha un flan por las expectativas, me la encontré con el pelo alborotado y los leggings y la sudadera de andar por casa aún puestos. Se frotó el ojo con la manga de la sudadera y se me quedó mirando.
               -Uy, vaya-musitó.
               -¿Uy, vaya?-respondí yo, molesta-. ¿Se te ha ido otra vez la hora?
               -Se me ha olvidado decírtelo, Saab. No hemos quedado al final.
               Noté cómo el alma se me caía a los pies. Había procurado no hacerme demasiadas ilusiones, no pensar en cómo me armaría de valor para cogerle la mano a Hugo y arriesgarme a su rechazo, no fantasear con cómo sería que él viniera conmigo hasta casa, como hacían los chicos de las películas…
               Sobra decir que había fracasado estrepitosamente en el intento. Prueba de ello era el gloss que ahora se me pegaba de forma estúpida a los labios. Frustrada, contuve el impulso de quitármelo con el dorso de la mano.
               -Y eso, ¿por qué?
               -Me ha dicho que no podía y yo no quise insistir. No quiero resultar pesada, ¿entiendes? Dios-se llevó una mano a la boca, observando mi atuendo-. Estás guapísima. Me siento fatal.
               -No pasa nada-decidí tranquilizarla por el temblor de su labio inferior. Amoke parecía a punto de echarse a llorar-. En serio. No es nada, tesoro. Me gusta ir guapa a los sitios, eso es todo. Si no te apetece hacer nada, puedo ir a mi casa y adelantar unos deberes…
               -No, no-negó con la cabeza, hundiendo sus manos en su pelo-. Daremos una vuelta, tú y yo… Es que…-suspiró-. Estás tan guapa, Sabrae. Deberíamos salir.
               -No me importa, Momo. Si quieres quedarte en casa, yo…-Amoke agitó la mano y me invitó a entrar. Trotó escaleras arriba en dirección a su habitación sin esperar a que yo la siguiera. Sabía que lo haría. Empujé la puerta de su habitación y esperé apoyada en el vano mientras ella se enfundaba un jersey y unos vaqueros rápidamente. El jersey, de color canela, hacía que resaltara el tono ígneo de las puntas de su pelo. Hacía tiempo que su pelo había empezado a oscurecerse por la raíz, pero las puntas se mantenían rebeldes, haciendo de ella una verdadera leona. Me dedicó una sonrisa tímida mientras se calzaba las botas, cogió su bolso y me empujó hacia la puerta.
               -Si quieres, podemos avisar a Kendra y Taïssa…-empecé, sabedora de que le gustaba más cuando estábamos las cuatro. Era más divertido así.
               -Me apetece estar tú y yo solas hoy, ¿qué opinas?-contestó, mimosa, abrazándose a mí y dándome un beso en la mejilla, regalándome un extracto de su perfume con base de coco que me dio mucha hambre.

2O17, gracias, adiós♥


-Descubrí mi bisexualidad
-Terminé Chasing the Stars
-Empecé Sabrae
-Este año nacieron Scott y Tommy
-Visité Austria
-Leí 22 libros
-Vi 173 películas
-Vi a Viola Davis ganar un Oscar
-Vi a Auli’i Cravalho dar una lección sobre espectáculo

Not bad for a girl with no talent, huh?