domingo, 20 de agosto de 2017

Despacito, a la cima del mundo.

Como lo prometido es deuda y os habéis portado genial conmigo, aquí tenéis la información de los capítulos que quedan de Chasing the Stars.
Puedo garantizaros y de hecho os garantizo un mínimo de 13 capítulos más (es decir, la novela llegaría hasta 130), aunque no descarto poner un par de ellos más, porque quiero que sucedan muchas cosas en muy poco tiempo, y quedaría mal si intentara meterlo a calzador.
Además, y esto ya después de terminar la novela, iré subiendo unos anexos en los que explicaré con más detalle cómo son las actuaciones de los chicos en The Talented Generation... porque me hace ilusión dejarlo por escrito, y volver a verlas en mi cabeza dentro de unos años (si vuelvo a leer la novela) con claridad.
Y ahora, ¿qué día subiré el último capítulo?
Seguramente algunas ya lo sospechéis, porque, si empecé a subir Sabrae el día que nació Scott, parece lógico que Chasing the Stars se termine el día en que nace Tommy. ¿Qué día nace Tommy? El 17 de octubre... de ahí que os pidiera 17 comentarios para avisaros de lo que está por venir.
Tengo un calendario ajustadísimo que seguir; espero que no os importe que publique cada 3 días; de lo contrario, no llegaré a la fecha tope que me he puesto (y cumplir con la fecha es lo que más me importa, más que subir 13 o 15 capítulos). Os pido que me dejéis todos los comentarios que podáis para animarme en la recta final. Espero que todo merezca la pena y despedir esta preciosa historia como se merece. 
Dicho esto, y sin más dilación... ¡disfrutad del capítulo! 



Otra vez esa sensación de explosión en mi interior cuando terminamos la canción, los últimos acordes se extinguieron y las luces se encendieron para permitirnos ver al causante de aquel ruido ensordecedor, que tan fuerte era y tan bien sentaba. Nos acercamos al borde del escenario con una sonrisa satisfecha, mirándonos los unos a los otros, felicitándonos con la mirada por no haber metido la pata ni haber chocado con ninguno de los bailarines que abarrotaban al escenario, y nos inclinamos hacia delante mientras el público rugía nuestros nombres.
               -June-pidió Simon, dejando que la chica, que manejaba un iPad con una mano y un portátil con la otra se empujaba las gafas por el puente de la nariz.
               -Tengo a Aibbe, de Manchester, que dice “imagínate lo que sería que Layla te arropara por las noches y te diera un besito y te dijera que te quiere, dios mío, cómo quiero a mi madre”-leyó, y todo el mundo se echó a reír. Layla se puso colorada, Tommy le dio un cariñoso apretón en la cintura-. Asha, de Edimburgo, dice que no le importaría ir a un concierto de Chasing the stars aunque tuviera que pagar con la vida de su primer hijo… por cierto, Chad, si quieres tener un rollito de una noche, ella está disponible-más risas, Simon asintió con la cabeza-. Cara Delevigne twittea una foto de su televisor y dice que se muere de ganas de que lleguéis a la final para poder venir a veros en directo, ahora que ya le ha llegado la invitación-siguió leyendo una retahíla de tweets y publicaciones en Tumblr hasta que Simon le dio las gracias, ella sonrió, le dijo que gracias a él, y se retiró a un discreto segundo plano, reposando su espalda de nuevo en su silla-. ¿Jesy?
               -¿No quieres mantener un poco la tensión del momento?-respondió mi mejor amiga, alzando las cejas y mascando un chicle. Simon se echó a reír.
               -Tienes razón. ¿Quién empieza, tú o Gaga, Nicki?
               -Empiezo yo-Nicki se echó hacia delante, apoyó las palmas de las manos en la mesa y exhaló un suspiro-. ¡Guau! Os lo digo cada semana, y voy a sonar repetitiva, pero es que no hacéis más que sorprenderme. Me ha encantado la energía que habéis derrochado esta noche en el escenario, On top of the world es una de mis canciones favoritas por su buen rollito, tiene muchos aires de fiesta, y eso es lo que me habéis dado vosotros-nos señaló con un dedo acabado en una afilada uña postiza-. Ganas de fiesta. Felicidades, chicos.
               -Gracias-sonrió Diana, la encargada esta noche del micro. Gaga se recolocó su coleta antes de empezar:
               -Mentiría si os dijera que no noto mejoría respecto de la semana pasada, aunque me ha decepcionado un poco cómo os habéis desenvuelto con los bailarines en el escenario-comentó, mirándonos-. ¿No habéis podido ensayar mucho con ellos?

miércoles, 16 de agosto de 2017

Hogar, dulce hogar.

La música se termina por fin en este agotador ensayo. Desde que echaron a Thr3some la semana pasada, hemos decidido que no podemos dejar nada al azar. Nos hemos puesto las pilas (más incluso que antes), porque el nivel de exigencia es altísimo a pesar de haber empezado hace nada el programa.
               Todos creíamos que aquel grupo llegaría lejos, especialmente después de ver su audición, impecable y de una calidad altísima, con una coreografía digna de los profesionales del breakdance. Pero, cuando se les pidió que prepararan otra canción, fueron incapaces de innovar lo suficiente sin perder toda su esencia. Al final, los meses de ensayo de Swalla no habían sido suficientes, o precisamente habían sido demasiados, y los tres chicos se habían ido a la calle por no poder seguir el ritmo de los demás. A los jueces no les bastaba con clavar una actuación; querían que todas fueran perfectas.
               Y, después del incidente de Jesy y Scott, nosotros tenemos que matarnos a trabajar para poder mantenernos dentro.
               Tommy se sienta a mi lado, con el rostro enrojecido por el esfuerzo y la camiseta pegada a su espalda, empapada en sudor. Cierra los ojos un momento, recuperando el tranquilo ritmo de su respiración. Traga saliva, y yo no puedo evitar fijarme en la sensualidad que hay en ver subir y bajar la nuez de Adán de su cuello. Siento el impulso de besársela. Incluso me inclino hacia él.
               La coreógrafa pone de nuevo la canción, y los animados acordes de On top of the world reverberan en la habitación llena de espejos. Scott se tira al suelo, agotado, mientras Diana hace una mueca y Chad bufa. No podemos hacer el baile otra vez.
               -¿Seguimos de tarde?-sugiere la chica, y yo asiento con la cabeza en representación de mis compañeros. Ella se muerde el labio, repite mi gesto y empieza a recoger sus cosas. Siento los ojos de Tommy posarse en mí.
               -Hola-me dice, de repente consciente de mi presencia. Yo sonrío, celebrando la intimidad de que me hable en el idioma de nuestras madres. Últimamente hemos cogido ese hábito, como intentando compensar las veces en que se tiene que alejar de mí para acercarse más a Diana. No hemos explicado nuestra relación aún.
               -Hola-ronroneo-. Has bailado genial.
               Tommy sonríe con satisfacción. Ya sabía que bailaba bien, pero no se imaginaba que le resultaría tan fácil coger el ritmo y recordar los movimientos. Sabe que todos confiamos en él para que nos guíe en las actuaciones. Es un papel de peso que lleva con orgullo, el de maestro de bailes. Incluso disfruta de la confianza depositada en él, de los halagos continuos de compañeros y profesores, que no se esperan que un chico que nunca ha ido a clases baile así.
               -Es que soy latino-explica siempre, y se echa a reír-. Gracias-es lo que dice esta vez. Le cojo la mano sin pensar, y rápidamente se la suelto. Miramos a la coreógrafa, que sigue recogiendo sus cosas, ajena a nosotros. Tommy traga saliva, me acaricia el dorso de la mano con discreción, aprovechando que la he dejado caer a un costado y que él posa la suya también en el suelo-. Siento que tenga que ser así-me dice en un susurro, asegurándose de que nadie nos oiga, nadie nos escuche. Le quito importancia con un gesto de la mano.
               Diana termina de recoger sus cosas, Scott se levanta del suelo después de sentir la mirada envenenada de ella sobre él. Chad bebe un poco más de agua, detecta la tensión que crece entre la americana y el inglés, y decide rebajarla inquiriendo:
               -¿Quién se ducha primero?
               Los ensayos son una verdadera odisea; nos duchamos varias veces al día, tan agotados y sudorosos que terminamos, y eso nos afecta a la piel. No es bueno meterse tantas veces debajo de agua muy caliente, no es bueno enjabonarse como nos enjabonamos, pero no nos queda otra. Bastante difícil es ya estar cinco personas en una habitación de tres, como para que descuidemos nuestra higiene.
               Diana está a la que salta precisamente por los efectos del agua en su piel y en su pelo. Ella, que tenía una melena tan suave, brillante y fuerte, está perdiendo toda su fuerza, porque lleva el pelo recogido durante demasiado tiempo; ella, que siempre desprendía un aroma afrutado que me encantaba oler cuando iba a su habitación, sumergiéndome en su esencia, ahora desprende un olor a jabón del más barato, de ése que sólo huele a una única fruta que, para colmo, está por descubrir.
               Intenta compensar sus cambios de humor esnifando cocaína cuando tenemos un descanso, y siempre que lo hace, es a escondidas. Luego viene con nosotros, se sienta donde estemos y trata de contener los efectos secundarios que la sustancia tiene en su organismo. No siempre lo consigue. Y Tommy siempre le nota que se ha metido algo; frunce el ceño, pone mala cara y finge que no la tiene delante cuando ella está colocada.
               Scott no lo está pasando mejor que ella. Después de que Eleanor pusiera distancia entre los dos, temiendo que su relación se resintiera por la sobre-exposición a la que les someterían, apenas puede pasar tiempo con ella y tiene que aguantar que todas las redes sociales se llenen de mensajes apoyando la pareja que hace con cualquier chica a la que se acerque a menos de un metro. Todos los días, durante algún período de descanso o comida, June aparece con su cámara y nos graba un vídeo para mantener el interés de la población. Scott tiene que cuidarse muy mucho de sentarse rodeado de chicos, e incluso cuando no hay ninguna chica en contacto con él, la gente se las apaña para cazar alguna mirada involuntaria cuando una fémina habla.
               Y emparejan a Scott.
               Y Eleanor finge que no le importa.
               Y Scott finge que no se da cuenta.
               Pero a ella sí le importa. Él sí se da cuenta.

viernes, 11 de agosto de 2017

The Talented Generation.

Aiden rodó por la cama y se dedicó a mordisquearme la oreja.
               -No voy a dejar que te vayas-ronroneó por decimotercera vez en aquel minuto, acariciándome el pecho. Volviéndome loco durante el proceso. Me eché a reír y me dejé mimar.
               Habíamos quedado en que comeríamos por ahí con mis padres. La comida fuera se había vuelto un picnic. Y el picnic, un festival de sexo de despedida del que yo no tenía intención de sobrevivir. Una sonrisa tonta me cubría la boca.
               Lo habíamos hecho. Seguía sin creerme que lo hubiéramos hecho.
               Y varias veces.
               Todas en mi cama.
               No quería salir de esa cama.
               -¿Vas a secuestrarme?-inquirí. Fue su turno de reírse esta vez. Se puso encima de mí. Lo rodeé con mis piernas y gemí cuando se frotó con sus caderas contra mi sexo.
               -Te voy a atar a esta cama-me aseguró. Me mordisqueó los labios. Yo se los mordisqueé a él.
               -Suena genial.
               -Y te voy a hacer cosas muy, muy sucias.
               -Suena aún mejor.
               -No te vas a escapar de mí.
               -Iré comprando la cuerda, entonces-tonteé. Nos reímos, nos acariciamos un poco más. Continuamos besándonos. Estaba reuniendo el valor necesario para ponerme sobre él cuando llamaron con timidez a la puerta. Era la voz de mi madre la que esperaba al otro lado.
               -¿Chad?-preguntó.
               -No abras, Vee-le pidió Aiden, que se había metido en el bolsillo a mi madre en los dos días que llevábamos juntos, sin casi separarnos.
               -Sí, mamá-le secundé-, por favor, no abras.
               -Cariño, lo siento mucho, pero tenéis que ir despidiéndonos-casi pude verla haciendo una mueca de dolor-. Acaban de llamar a tu padre, el piloto ya está en el aeropuerto. Nos están esperando.
               Suspiré. Aiden negó con la cabeza, puso los ojos en blanco.
               -¿Podemos posponer lo de las cuerdas? Me ha interesado eso de las cosas sucias que quieres hacerme-bromeé. Sus ojos chispearon, lujuriosos-. Me gustaría conocer más detalles.
               -Te voy a dar yo a ti detalles-replicó, agarrando mi miembro y acariciándomelo. Cerré los ojos, me dejé llevar, hasta cierto punto.
               -Chad-exigió mamá, pasados cinco gloriosos minutos en que los dedos de Aiden me dieron más placer del que yo mismo podría insuflarme durante mi estancia en el concurso. De repente, no recordaba por qué había acertado.
               Joder, las manos de Aiden en mi sexo me hacían olvidar incluso cuál era mi nombre. Suerte que mamá estaba ahí para recordármelo.
               -Ya llegamos-bufé.
               -Sobre todo tú-ronroneó Aiden, besándome el pecho mientras continuaba sus torturadoras caricias. Lancé una exclamación y me aparté de él-. Oye, C, ¿crees que tendréis vis a vis, como en las cárceles?