lunes, 31 de enero de 2022

Siempre nos quedará Mykonos.


¡Toca para ir a la lista de caps!

Saqué la cabeza del agua y me eché el pelo hacia atrás para poder mirarlo. Nos sonreímos en cuanto nuestros ojos se encontraron: a pesar de que él estaba usando mis gafas de sol, y por tanto los tenía ocultos a la vista, supe perfectamente en qué momento nuestras miradas se conectaron simplemente por el cosquilleo que sentí en lo más profundo de mi alma.
               Él irradiaba felicidad, incluso después del “problemita” que habíamos tenido con los gilipollas de sus “amigos” de Grecia. Y digo “problemita” porque, aunque la cosa había sido muy seria, podría haberlo sido más: ellos podrían estar en el hospital, o, si los ingleses no hubieran sido lo suficientemente rápidos, en una morgue; yo estaría declarando en algún juzgado sobre lo que había hecho, y echando por tierra todo lo que mamá me había enseñado sin ella pretenderlo acerca de cómo defender tu inocencia: en lugar de hacer creer que me había vuelto chalada y no era consciente de mis actos, me regodearía en que matar (o herir de gravedad) a los gilipollas que le habían hecho daño a Alec habría sido lo más lúcido que hubiera hecho en mi vida.
               Y digo “amigos” porque ni siquiera se puede considerar infraser a alguien que se ríe de las cicatrices de mi novio, lo suficientemente feas como para saber que lo había pasado muy, pero que muy mal. Si no volvía a por ellos era porque estábamos ya muy lejos, y ni siquiera sabía qué dirección tenía que tomar. Apoyé los codos en la pequeña plataforma del barco, desde la que habíamos saltado los que habíamos decidido que nos apetecía bañarnos, y le sonreí. Desde el ángulo en el que estaba, parecía que el sol estaba señalándolo con sus rayos, como si quisiera asegurarse de que no se me escapaba la naturaleza divina de la existencia de Alec.
               -¿Disfrutando de las vistas?-coqueteé, apoyando la mejilla en el antebrazo y dejando que las corrientes me mecieran los pies. Alec se bajó las gafas de sol, me recorrió de arriba abajo, como si pudiera ver a través de la madera y el acero, se mordió el labio mientras sonreía y asintió con la cabeza.
               -Ahora más aún.
               -Vaya-ronroneé, empujándome suavemente de nuevo hacia el mar y moviendo los brazos para no hundirme-, y yo que pensaba que me estabas dejando sola en el agua porque ya no te gustaba…
               Alec se echó a reír, una risa corta, masculina y sensual. De ésas que exhalan los protagonistas masculinos de las novelas cuando sus protagonistas femeninas les dicen que son insoportables, y ellos están a punto de recordarles que morirían por ellos.
               Solo que Alec no era un protagonista de novela. Era real, de carne y hueso, así que era infinitamente mejor. Sobre todo, porque era mío.
               O eso había pensado yo. Creía que tendría el monopolio de su atención y su compañía a lo largo de todo el viaje, ya que Duna estaba a miles de kilómetros y no podía hacerme la competencia cuando estábamos en distintos países. Con quien nunca pensé que tendría que competir por las atenciones de mi novio era, precisamente, Shasha.
               -Lo siento, nena-Alec se encogió de hombros-, ya sabes que soy un hombre de promesas.
               -Cuando te aburras… ya sabes dónde estoy-dije, guiñándole un ojo y girándome para impulsarme hacia abajo dentro del agua, tan limpia que parecía una piscina si abrías los ojos por debajo de ella.
 
 
Después de que Scott se enfrentara en mi nombre y en el de todos a los que queríamos a Alec a los imbéciles de Dries y los demás, todos habíamos dejado muy claro que no nos apetecía estar en la playa. A pesar de que Alec parecía más contento que nunca por la forma en que lo habíamos defendido (como si nunca lo hubieran hecho antes), creíamos que sería mejor para que pudiera sanar el cambiar de ubicación. Había playas de sobra en Mykonos: no teníamos por qué quedarnos sí o sí en aquella. Lo mejor sería poner un poco más de distancia para poder pasar página lo más rápido posible e impedir que aquellos mamarrachos nos arruinaran el viaje.
               Alec insistió en que no era necesario, en que habíamos planeado estar allí todo el día y todos estábamos demasiado cansados para otra excursión; que estaba cómodo y que no le pasaba nada, y que daba lo mismo el lugar si tenía una compañía tan buena como la nuestra. No obstante, Scott le había puesto las manos en los hombros y le había hecho mirarlo.
                -Quiero alejarte lo más posible de esos gilipollas que no te valoran, Al. Puede que aquí esté tu casa, pero también lo está la suya, y no quiero que se sientan con el derecho de venir a molestarte simplemente porque viven aquí. No te conocen lo más mínimo. Nosotros estamos contigo once meses. Ellos solamente uno. Somos nosotros quienes sabemos quién eres, y no pienso darles a esos gilipollas la oportunidad de tratar de decírtelo.
               Alec se había puesto los brazos en jarras y había mirado a Eleanor.
               -¿Me está diciendo esto por algo? ¿Queréis pedirme un trío y estáis preparando el terreno?-preguntó, y Scott puso los ojos en blanco y sacudió la cabeza, pero no le soltó. No era estilo de él. Soltarlo no del estilo de nadie que quisiera a Alec. Y, siendo como era, lo que me parecía imposible era que hubiera alguien que no le quisiera.
               Así que decidimos buscar otro sitio, no porque no creyéramos que Alec no podría concentrarse en nosotros para poder pasarlo bien, sino porque ni siquiera se merecía tener que intentarlo. En toda la isla había lugares de sobra en los que poder disfrutar del sol y del mar: un sitio más neutro, en el que crear recuerdos que no se volvieran agridulces por la pelea con los chicos de Mykonos, sería de agradecer.

domingo, 23 de enero de 2022

El rey ha vuelto.

Finjamos que no son las 0:40 del 24 de enero y que he subido esto el 23... aunque, realmente, en Canarias sigue SIENDO 23!

¡Toca para ir a la lista de caps!

Niki se limpió la boca con el dorso de la mano tras dejar sonoramente el vaso encima de la mesa que Alec y él habían sacado de quién sabía dónde. Esbozó una sonrisa oscura, miró a Scott, y luego, clavó los ojos en Alec antes de decir:
               -Yo nunca he quedado segundo en una final.
               -Oh, jojojojo-se descojonó mi hermano, llevándose la mano también a la boca para ocultar sus carcajadas al ver el gesto de sorpresa mal disimulado de Alec.
               Llevaban casi media hora así, bebiendo sin parar y retándose los unos a los otros; aunque técnicamente participábamos todos, en realidad nadie que hubiera cogido un vaso pensaba que estuviéramos jugando todos en la misma liga. Los demás estábamos ahí como quien echa un partido en el patio del colegio: sólo por la diversión, para ver quién gana, y nada más.
               Alec, Scott y Niki, por el contrario, estaban en una final de la Champions. Todo su prestigio se escondía en los fondos de los vasos que tenían ante ellos, y ninguno estaba dispuesto a parar para poder recordar todo de la noche y arriesgarse a perder.
               Yo también estaba participando, pero sólo bebía un sorbito de nada con el que apenas me mojaba los labios, ya no digamos me emborrachaba. Había empezado arrodillada en el suelo, frente a la mesa baja, pero después de varias copas (muchas de las cuales mi puñetero novio me había hecho beber, diciendo cosas que él mismo me había hecho), había terminado por sentarme en el reposabrazos del sillón que había conseguido y pasarle las piernas entrelazadas por encima de las suyas. Ahora me divertía más pasándole la mano por la nuca, enredando los dedos en su pelo, y disfrutando de las reacciones de su cuerpo, la gran mayoría incontroladas, y muchas incluso ignoradas por él.
               Estaba tan absorto en la competición que apenas le prestaba atención al bulto de sus pantalones… bulto que yo me ocupaba en hinchar con asiduidad coqueteando con él con el descaro de las strippers de las películas.
               Eso sí: me había pasado el brazo por las caderas y me tenía bien agarrada del culo.
               Porque puede que fuera competitivo, pero seguía siendo Alec Whitelaw.
               Me pregunté a qué se debía la sorpresa de mi chico, pero enseguida recordé lo que me habían resumido Bey y Bella de la conversación que me había perdido con ellos: Alec no les había dicho a sus amigos de Grecia en qué posición había quedado en su última final porque su relación simplemente no era así, sino más bien basada en compartir tiempo libre juntos y pasárselo lo mejor posible. Entendí un poco mejor que pudiera pasar perfectamente sin verlos, pero aun así me apetecía que nos reconciliáramos con ellos y Alec pudiera pasar un buen verano previo al voluntariado.
               Al se pasó la lengua por las muelas, esbozó esa sonrisa torcida que ahora me pertenecía sólo a mí, y que sólo por haber sido para medio Londres ya valía un millón de libras, y asintió con la cabeza, mirando sus rodillas. Parecía derrotado, como si supiera que ya no podía seguir peleando…
               … hasta que levantó la vista y clavó los ojos en Scott.
               -¡Bebe, S!
               -Qué hijo de puta-rió Tommy, que estaba esperando a que mi hermano se diera cuenta de que Scott también había quedado subcampeón en otra final que había disputado. S estaba tan borracho de su propio éxito que apenas le afectaba aún el alcohol que había ingerido, y eso que en su lado de la mesa había tantos círculos de tantas veces había cogido su vaso de chupito que parecía Júpiter con su infinidad de lunas.
               Scott cogió el vaso como si la cosa no fuera con él, y soltó:
               -Y tú también, Al.
               -Sí, sí, sí, sí, sí, pero a ti fijo que te escuece más. Seguro que todavía no lo has superado.
               -Ni lo hará-rió Eleanor, que alejó su vaso con dramatismo. Scott la fulminó con la mirada, pero se bebió su vaso como el tío legal que era, igual que Diana y Tommy a sus espaldas.
               Cuando lo hubo terminado, lo hizo girar sobre la mesa como si fuera una peonza animada por sus dedos. La sonrisa que le cruzó la cara bien podía ser la del monstruo protagonista de mi peor pesadilla.
               -A mí nunca me ha rechazado la primera persona a la que me declaré.
                Alec giró la cabeza para mirarme, me guiñó el ojo y me dio un apretón en el culo con una mano.
               -Qué específico se está poniendo esto. ¿Qué pasa? ¿Queréis darme más fama haciendo que os derrote a los dos a la vez?
               Cogió el vaso con la otra mano y se lo vació de un trago, y puso los ojos en Niki.
               -Niki-dijo, y éste hizo una mueca.
               -Scott ha dicho la primera persona. No ha especificado el sexo.

lunes, 17 de enero de 2022

A orillas del Mediterráneo.


¡Toca para ir a la lista de caps!

Todo mi cuerpo estaba protestando sonoramente por la presión a que le estaba sometiendo, y algo dentro de mi subconsciente, una presencia viscosa y fría que no solía apoderarse de mí, estaba suplicándome que buscara un sitio en el que sentarme y me relajara un poco. Estaba desmadrándome por encima de mis posibilidades: una cosa era pasarme tres días de fiesta durante mi graduación, tres días en los que había tenido mucha motivación para celebrar mis logros, y algún que otro empujón por sustancias de dudosa legalidad; y otra muy distinta era darlo todo en una discoteca atestada de gente venida de todos los puntos de Europa después de más de una semana de intenso ajetreo.
               Y, sin embargo, cuando empezaron los acordes de la canción, saqué fuerzas para girarme hacia Tommy y Scott, que pegaban botes a lado de sus novias, disfrutando de una frescura que yo no poseía…
               … porque me había dedicado a follar tanto o más de lo que me permitía mi cuerpo durante los últimos días. Y lo de anoche había sido espectacular.
               Tanto Diana como Tommy y Scott se quedaron quietos un momento, escuchando con muchísima atención los golpes rítmicos del principio de Shape of you. Había algo en la canción que la había convertido en un clásico atemporal que no podía faltar en ninguna fiesta, pero era difícil saber si su recién recuperado éxito y auge se debía al impacto que Ed Sheeran había tenido en la industria musical, convirtiendo a sus singles en éxitos asegurados, o en el hecho de que Chasing the stars hubieran sacado precisamente a esa canción del baúl de los recuerdos, la hubieran desempolvado y enviado de vuelta hacia el estrellato convirtiéndola en la primera canción que el mundo les había escuchado cantar.
               Había diferencias demasiado sutiles entre la versión que habían grabado después de interpretarla por primera vez en el concurso como para poder distinguir una canción de otra en una discoteca abarrotada, pero pronto tocaría salir de dudas.
               -The club…-se escuchó a Layla, y todos nos pusimos a chillar al unísono, más fuerte de lo que había reaccionado la discoteca al reconocer esos primeros acordes. La voz femenina que encabezaba la canción no tenía nada que hacer contra aquellas notas distintivas, o eso pensaba todo el mundo allí reunido, hasta que nos vieron gritar tan fuerte que nos dolió la garganta.
               Los únicos que no gritaron fueron Logan y Niki, pero lo cierto es que nadie contaba con sus voces a estas alturas: habíamos pasado demasiado tiempo intentando no meternos con Logan por la forma en que estaba metiéndole la lengua hasta el esófago a Niki como para ponernos a reclamarles una atención que sabíamos que no iban a darnos.
               -¡LLAMA A LAYLA!-gritó Tommy-. ¡LLAMA A LAYLA, LLAMA A LAYLA!-aullaba él por encima de las voces siguiendo la de su otra novia, voces que no distinguían entre la chica que estaba cantando o el autor original, y que sólo querían tener la excusa perfecta para gritar la letra que tanto les gustaba y que tan bien se sabían.
               Tanto Scott como Diana y él sacaron sus teléfonos y los sostuvieron en alto, buscando  una cobertura que brillaba por su ausencia. Sin embargo, Scott y Diana parecieron ser los elegidos de Dios, porque en menos que canta un gallo sus móviles estaban dando tono, y entonces…
               -¡Chad! ¡ESCUCHA!-bramó Scott con la fuerza de esos pulmones de tenor, o barítono, o contralto (no sé muy bien cómo se le clasificaba), que tenía.
               -¡LAY! ¡LAY!-gritó Diana, llevándose el teléfono a la oreja y tapándose un oído para escuchar lo que ella le decía-. ¿ME ESCUCHAS? ¡ESCUCHA ESTO!
               -¡ESTAMOS EN UNA PUTA DISCOTECA EN MYKONOS Y ESTÁN PONIENDO NUESTRA CANCIÓN!-le ladró Tommy al altavoz-. ¡ESCÚCHATE, PRINCESA!
               -¡MIRA QUÉ BIEN CANTAS!-le gritó Scott a Chad cuando empezó su parte, y yo me dediqué a saltar, a gritar la letra, a mirar bien las caras de mis amigos escuchando su música en el extranjero por primera vez. Diana se tapó la boca, los ojos vidriosos, y asintió con la cabeza cuando Tommy le preguntó si estaba bien, sus manos en su cintura, sus dedos extendiéndose por la piel desnuda de ella.
               -No puedo creer que esté viviendo esto-gimió ella, negando con la cabeza, apartándose el pelo y echándose a llorar por fin-. Quiero que dure, T.
               -Y va a durar, Didi. Va a durar para siempre-le respondió Tommy, estrechándola entre sus brazos y besándole la cabeza mientras se balanceaba despacio a su lado. Eleanor y Mimi brincaban al lado de Scott, haciendo de barrera entre Tam y Karlie, que también estaban inspeccionándose las lenguas. Habíamos encontrado un sitio en el que se sentían cómodas para expresar sus sentimientos, y nadie les había dicho nada, lo que había resultado un tremendo error, porque ahora eran tan descaradas o más que Logan y Niki, y eso que estaban de pie.
                Sabrae me puso un dedo en la barbilla y me hizo mirarla. Alzó una ceja de forma que la sombra turquesa con la que se había pintado los ojos, haciendo que su piel brillara con una mezcla de bronce y lapislázuli que parecía sacada directamente de alguna de las pirámides de Egipto, y se relamió los labios, empapados de un gloss que hacían que su boca resultara todavía más apetecible.
               Estaba guapísima esa noche. Más que de costumbre, quiero decir. La idea de salir por ahí de fiesta la había entusiasmado, y después de vencer la preocupación que le producía dejar a Shasha sola en casa cuando su hermana le prometió que se lo pasaría genial estando sola y que necesitaba descansar un poco de tanto “ruido humano”, fuera lo que fuera eso, se había esmerado en ponerse guapa. Sentada de rodillas frente al espejo de mi habitación, se había aplicado sombra, delineado los ojos y pintado las pestañas y los labios con una concentración que yo jamás podría olvidar. No me había dado cuenta de las posibilidades que había en ese espejo y lo mucho que me gustaba hasta que la vi maquillándose frente a él. Fue como si llevara toda la vida en la casa. Como si lo hubiera hecho un millón de veces más.
               Como si fuera un elemento indisoluble de mi existencia.
               Como si siempre hubiera estado ahí.
               -¿Qué?-había preguntado, pillándome admirándola como si toda mi vida dependiera de su existencia, y mi felicidad, de lo bien que hacía su trabajo. En cierto modo, así era-. ¿Recordando mi reflejo acalorado y sudoroso, desnuda boca abajo en este espejo?-preguntó, y yo me mordí el labio y negué con la cabeza.
               -Estaba pensando en lo eterna que pareces. Como si siempre hubieras estado aquí. Encajas genial con la isla, bombón.
               Sabrae sonrió, se levantó, y se inclinó para apoyar sus manos en mis rodillas, sus profundísimos ojos ahora que contenían el mar en sus párpados buceando en los míos y descubriendo los secretos de mi alma.
               -Aquí soy feliz-contestó, y me dio un piquito-. Me preguntó a quién echarle la culpa.
               Sonreí, le rodeé la cintura con los brazos y acaricié con la yema de los dedos la tela de la falda de las golondrinas, que cubría su trasero. Me había venido una inspiración divina cuando vi ese conjunto en una de las tiendas en las que Diana se empeñó en entrar, pero ni mi imaginación era capaz de competir con lo que Sabrae podía hacer con la ropa.
               Por supuesto, tenía que luchar contra el ansia de quitársela.
               Verla resplandecer en la discoteca había hecho que mereciera la pena mi esfuerzo, una y mil veces, incluso aunque me quedara con las ganas. ¿No se suponía, al fin y al cabo, que la anticipación era lo que verdaderamente producía placer?
                -Hace dos segundos que no me comes con los ojos-ronroneó la Saab de mi presente-. Opino que ya está bien-su dedo descendió por mi cuello, siguiendo la silueta de la nuez de mi garganta, hasta alcanzar mi pecho, donde comenzó a juguetear como el hilo de humo de un cigarrillo perdiéndose en dirección al cielo.

domingo, 9 de enero de 2022

Quimeras.


¡Toca para ir a la lista de caps!

La pobre Bella no se animó a abrirse con nosotras hasta que el camarero no hubo desaparecido en el interior del restaurante en cuya terraza nos habíamos sentado. Lucía un sol luminoso en el cielo, de ese tipo de soles imponentes que sin embargo son gentiles con tu piel, y en lugar de arañártela para arrancarte un bronceado te la van acariciando hasta conseguir que tu piel parezca besada con él, tostada a fuego lento; y con la brisilla se deslizaba por el mar, no podía pensar en un sitio en el que pudiéramos estar más a gusto, que fuera mejor para volcar tu corazón sobre la mesa, o para confundirlo con el paraíso.
               Excepto, por supuesto, porque me faltaba una persona importantísima. Si no fuera por su ausencia, habría creído que estaba en el cielo.
               -Chicas…-susurró con timidez, una timidez casi virginal. Parecía salida directamente de un cuadro renacentista, con su pelo ondeando suavemente al viento, siempre indómito ante todos los intentos de ella de capturarlo tras sus orejas. Bey y Karlie cerraron la boca inmediatamente, girándose para mirarla y demostrarle que teníamos toda su atención. Bella se revolvió en el asiento, escondiendo las manos entre sus piernas, se mordió el labio y se aclaró la garganta antes de atreverse, por fin, a continuar-. ¿Puedo pediros opinión sobre una cosa?
               -Claro-dije yo, dándole la vuelta a mi móvil para ignorar los mensajes de mis amigas, que no paraban de insultarme por las fotos y vídeos que estaba subiendo a Instagram, y que me aseguraba de enviarles para que se murieran de envidia… aunque me habría encantado que estuvieran allí, conmigo. Claro que sabía que eso era demasiado pedirle a Alec, no sólo porque la relación con mis amigas no era la misma que la que mantenía con sus amigos (evidentemente), sino porque el espacio en casa era extremadamente limitado… y no quería tener que obligarlo a ofrecerse a dormir en otra habitación para que las chicas y yo pudiéramos apretujarnos en la cama de la suya.
               Había un límite que ninguno de los dos estaba dispuesto a traspasar, y era el de dejar de dormir juntos. Bastante nos había costado ya separarnos cuando llegamos a la ciudad, pero sabía que era por un bien mayor.
               Él me había cogido de la cintura mientras los chicos se iban alejando, reticente a dejarme ir, y se había balanceado suavemente de un lado a otro, como si estuviéramos bailando al son de un ritmo que no flotaba más que entre nosotros. Se relamió los labios y sus ojos se hundieron en los míos, explorando en mi interior en busca de una forma de conseguir quedarse conmigo, o que yo me quedara con él.
               -No te he traído a Mykonos para separarme de ti. No necesito descansar de ti-murmuró, apartándome de la cara un mechón de pelo que se me había soltado de la trenza, y colocándomelo tras la oreja. Dejó sus dedos un momento ahí, en ese rinconcito de piel escondida, antes de volver a bajar de nuevo la mano a mi cintura.
               -Yo tampoco necesito descansar de ti-respondí, acariciándole los brazos. Qué alto era. Qué guapo. Cómo resplandecía bajo ese sol, como si se alimentara de él, recargando su energía con lo que se reflejaba en el Mediterráneo para luego calentarme las noches, las mañanas de tormenta, la vida entera.
               -Podemos… podemos dejar que exploren e irnos nosotros por ahí…-comentó, más para sí mismo que para mí, pero yo negué con la cabeza.
               -Tienes que ir con ellos, Al. Y yo tengo que ir con ellas.
               -Diana se viene con Tommy.
               -Diana lleva varios días sin estar con Tommy. No han podido disfrutar de la isla como lo hemos hecho nosotros-traté de razonar con él, como quien le explica a un niño por qué se tienen que mudar, dejar de ver a sus amigos.
               Alec hizo amago de poner los ojos en blanco, se pasó la lengua por las muelas, y suspiró.
               -Si te sirve de consuelo-le dije-, ya no estoy segura de que fuera tan buena idea invitar a los chicos a venir.
               Sonrió.
               -Eres mala, ¿sabes?-contestó, dándome un beso en la frente y murmurando tan bajo que apenas lo conseguí oír por encima del ruido de la ciudad ajetreada, las gaviotas serpenteando en el aire y las olas en la distancia-. Intentaré abreviarlo lo máximo posible.
               -¿Me lo prometes?
               -¿Hace falta?
               -Tú siempre cumples tus promesas. Y necesito que lo de hoy sea más verdad que nunca.
               Soltó una risita por lo bajo que no pude evitar adorar, y cuando me puse de puntillas para darle un último beso de despedida, ignorando las burlas de sus amigos, noté que Alec me enganchaba el meñique con el suyo. “Te lo prometo”, decía ese gesto.
               Y yo me morí de ternura.
                Dado que no íbamos a visitar los mismos sitios, e incluso comeríamos separados, había decidido comportarme como lo hacía cuando él y yo no estábamos juntos: documentando absolutamente todo lo que hacía para no tener esa sensación de oscura separación.
               Pero también sabía que me necesitaban en el presente.
               -Lo que necesites, Bells-dijo Eleanor, estirando la mano y dándole un toquecito en el brazo. A ella no le había costado tanto separarse de Scott, supongo que porque estaba más acostumbrada a tener que seguir un camino separado del de mi hermano. La promoción de la gira que iban a empezar en unas semanas estaba siendo una locura, y muchas veces ella y Chasing the Stars no coincidían en las entrevistas, por mucho que hubieran salido del mismo programa, de manera que Eleanor se volvía más independiente.
                -¿Y me prometéis que lo que hablemos ahora no saldrá de aquí?-inquirió la interpelada, mirándonos a todas una por una. No se me escapó la forma en que se detuvo un poco más en mí, como si quisiera que le confirmara que no hablaría de lo que fuera que quisiera hablar con Alec.
               Yo no estaba muy por la labor de darle un cheque en blanco, pero, sospechando de qué iba a versar la conversación, asentí con la cabeza.
               -Claro. Los chicos no tienen por qué enterarse de nada de lo que hablemos. Apenas merecen derechos…-comenté para quitarle hierro al asunto, y las chicas se rieron.
               -¿Alec tampoco los merece?-preguntó Tam, alzando una ceja, y yo clavé la vista en ella, sonrojándome y sonriendo a la vez. Lo que habíamos hecho la noche anterior todavía estaba demasiado reciente en mi cuerpo, las huellas de sus dedos allí donde me había tocado aún me ardían, y si me concentraba, todavía podía escuchar el sonido de su respiración acelerada mientras entraba en mí, bajo el arrullo de las olas lamiendo el muelle.
               Lo de la noche anterior había sido increíble. No tenía otra manera de describirlo que diciendo que no parecía real, que se acercaba más a un sueño que a nada que hubiera vivido antes. Habíamos hecho el amor tantas veces ya que parecía imposible que alguna de esas veces fuera más especial que las demás, pero tener su rostro tan cerca del mío, su respiración lamiéndome la piel, sus manos acariciando mis curvas, dándole sentido a mi cuerpo y cosechando placer de rincones que parecían yermos era pasar al siguiente nivel. Me había sorprendido, incluso, que no diluviaran estrellas fugaces sobre nosotros: que aguantaran en el cielo, conformándose con la distancia, sin probar el sabor a agua de mar y luz de luna que desprendía su cuerpo me parecía todo un logro rayano en la temeridad.
               Caí en la cuenta en ese momento de que Alec no estaría conmigo cuando fueran las Perseidas. Que, por un instante, el cielo se derramaría sobre nuestras cabezas y yo no podría decirle que por fin habían sucumbido a la tentación de tratar de acercarse a él.

lunes, 3 de enero de 2022

Hazte con todos.


¡Toca para ir a la lista de caps!

-Diana acaba de coger el avión-anunció Tommy, mirando la pantalla de su móvil. No pudo evitar esbozar una sonrisa al pensar en su chica viniendo por fin a reunirse con nosotros, y yo comprendía muy bien esa sensación.
               Todavía estaba dolorido de lo que habíamos hecho ayer Sabrae y yo. Hundirme en ella otra vez, sin ningún tipo de barrera entre nosotros, había sido glorioso: lo suficiente como para olvidarme de la sensación de pesadez que atenazaba mis brazos, mis piernas, mi espalda; todo mi cuerpo se resentía por el ejercicio que había hecho esa noche, ya en el límite de mis posibilidades. Por eso precisamente la había dejado durmiendo en el piso de arriba: la veía agotada, pero feliz. Una sonrisa de satisfacción le cruzaba la boca mientras su espalda subía y bajaba al compás de su cuerpo, haciendo que me quedara embobado mirándola por un momento, sin decidirme entre marcharme o quedarme allí con ella y adorarla en silencio, resistiéndome a la tentación de tocarla a cada segundo, pues necesitaría comprobar que era real.
               Sabía de buena tinta que Tommy dormía con Diana cada vez que podía, así que no pude más que sentir empatía por aquella sonrisa. Me alegraba sinceramente de que T por fin dejara de estar solo: en nuestro grupo se habían formado dos bandos, de solteros y emparejados, entre los que Tommy no había dejado de bailar en Mykonos. No tenía a ninguna de sus chicas con él, así que no podía reclamar un dormitorio para celebrar su juventud, pero tampoco tenía la libertad de quien no tiene ataduras y puede irse con quien quiera y volver a las tantas.
               Algo que parecía ser lo que le apetecía hacer a Bey. Había visto cómo había mirado a mis amigos cuando nos los cruzamos en la playa la tarde anterior y me detuvieron en un intento de darme conversación que yo sabía que tenía poco que ver conmigo y mucho con mi compañía, pero no me había preguntado por ninguno en particular y yo tampoco tenía ganas de empujarla a los brazos de ninguno de ellos, de modo que lo había dejado correr.
               Sin embargo, que entendiera a Tommy no quería decir que no me apeteciera burlarme un poco de él, así que me sumé a la oleada de aullidos que manó de las gargantas de los chicos al verlo sonreír como un bobo.
               Y después:
               -¡Shhh! ¡Las chicas están durmiendo!
               -No haberlas cansado tanto, entonces-rió Logan, que se había sentado en una de las sillas de la cocina y estaba coleccionando las uvas de mi madre. Scott se rió, robándole una de la mano.
                -¿No os parece que Alec se nos ha vuelto un blando desde que está casado?-lo picó.
               -Yo no estoy casado. ¡Mira quién fue a hablar! El tío que casi se folla a su chica en prime time. ¿Qué tal va la espalda, por cierto?-pregunté, y Scott se rió de nuevo. Tenía las marcas de las uñas de Eleanor bajando de sus hombros hasta sus riñones, y cuando se había quitado la camiseta en la playa y Tommy lo había visto, le había soltado que se había opuesto a su relación con su hermana en un principio por el bien de ella, pero que, de saberlo, lo habría hecho por la integridad física de él.
               -Mejor de lo que se merece-dijo Tommy, negando con la cabeza, y luego me miró a mí-. ¿Has aprovechado el tiempo que te quedaba con Sabrae?
               -Ni que fuera a morirse. O a cerrársele el coño-torcí el gesto-. Oye, ¿cómo sabes que está a punto de venirle la regla?
               Tommy inclinó la cabeza a un lado, sonriendo, y se giró de forma dramática a un calendario de pared. Ni siquiera me acordaba de que estaba ahí cuando llegué con Sabrae, así que no me esperaba que Tommy hubiera notado su presencia. Lo entendí todo a la perfección cuando me fijé en la carita triste que había dibujado Sabrae con rotulador rojo, de los que mi madre utilizaba para marcar la fecha de los guisos que dejaba preparados el último día de estancia en Mykonos para no tener tanto apuro cuando regresáramos al verano siguiente.
                -¿Por qué haces eso? Sabes que sé de sobra qué día te viene la regla-le pregunté a Saab cuando la vi marcar el día en que se nos acababa la fiesta en el calendario, donde todos podían verlo, algo que se suponía que a las chicas no les gustaba.
               -Se te da bien trabajar bajo presión-me había respondido, dejando el rotulador en la encimera con el típico gesto de señorita pija cuya única misión en la vida es proteger su virginidad hasta el matrimonio, y la que le sería imposible cumplir a estas alturas de la película-. Y quiero que me demuestres de qué eres capaz estos días.
               -Ah. Ya. Claro. Muy sutil-sonreí, negando con la cabeza.
               -Anoche os oímos entrar bastante tarde-dijo Jordan, mirándome con ojos entrecerrados-. ¿De dónde veníais?
               -De la calle No te importa, haciendo esquina con Puto cotilla.
               -Joder, estás tan casado que ni siquiera nos quieres contar los polvos que echas ya. Hemos perdido a un grande-Scott me puso una mano en el hombro y yo me lo quedé mirando.
               -¿Es que quieres aprender algo?-quise saber-. Porque no sé si eres digno de conocer mis trucos infalibles.
               Aunque la realidad era que no me apetecía contarles lo que había pasado entre Sabrae y yo la noche pasada. Me parecía algo demasiado… puro. Algo que, si lo compartía con mis amigos, terminaría corrompiéndose y perdiendo parte de su importancia. Especialmente porque yo no sabría contarlo del modo que realmente se merecía: como si fuera una epopeya, y no una parida que hubiera hecho improvisando y que me hubiera salido de pura potra. Lo que, por otra parte, tampoco sería del todo inexacto. A fin de cuentas, lo de hacerlo con ella en el muelle sí que había sido una improvisación: yo quería poseerla en el bote, creando un nuevo recuerdo que sólo llevaría su sello.
               Y, aunque no había salido como había planeado… había sido genial. Solos ella, yo, el mar y las estrellas, me había sentido vivo como pocas veces en mi vida; curiosamente, todas habían sido con ella.
               -Te quiero muchísimo-le había dicho mientras la embestía, la marea lamiéndonos la piel, y ella había abierto los ojos y me había mirado de una forma que…
               … que casi había conseguido que yo mismo le ofreciera quedarme. Había estado a punto de postrarme ante ella, decirle que no soportaría pasar ni un día separados, y que no me iría. Que me daban igual las penalizaciones, me daban igual mis planes, y me daban igual mis promesas. Sabía que aquello no afectaría a la verdad de las promesas que le había hecho a ella, y que conseguiría convencerla de que mi palabra no se medía por los planes en los que me echaba atrás, sino por a quién se la daba. Y las promesas que le hiciera a ella serían inquebrantables. Y ella se lo creería, porque ¿cómo iba a poder mentir alguien que follaba tan bien?
               Iba a quedarme con ella toda la vida. Y mi vida había empezado cuando abrí los ojos en el hospital; lo que estaba pasando antes del voluntariado no era un tiempo de preparación, como un ensayo para el que mi triunfal vuelta a casa sería como un pomposo estreno. ¿No estaría incumpliendo las promesas que le había hecho de estar a su lado si me marchaba?
               En sus ojos, por primera vez, vi que Sabrae era la misma solución a los problemas que ella misma me había causado. Que no sólo era la brisa que me había arrancado el mapa de las manos, sino el vendaval que había abierto un nuevo camino por la selva para mí.
               Y entonces, Sabrae dijo que me quería y mis pensamientos se detuvieron en seco justo allí. Nada de inercia, nada de explosión de cristales y hierro, como suelen seguir a ese tipo de choques. Simplemente sus palabras rebotando en mi cabeza.